Hombre en una balanza con su sombra proyectada esquelética en la pared, atmósfera de horror corporal

Reseña de Maleficio, de Stephen King

«Maleficio»: el castigo que la ley no quiso dar lo cobra la carne

7.5/10

Maleficio es una novela de horror publicada el 19 de noviembre de 1984 por NAL, bajo el seudónimo de Richard Bachman. Tiene 309 páginas en la edición original y fue el quinto y último libro de Bachman antes de que un empleado de librería llamado Stephen P. Brown descubriera, cruzando datos de derechos de autor en la Biblioteca del Congreso, que Bachman era King. Después de que la identidad se hiciera pública en el Bangor Daily News el 9 de febrero de 1985, las ventas de Thinner se multiplicaron por diez: pasaron de 28.000 a 280.000 ejemplares. En total, el libro vendió más de tres millones de copias.

La premisa es cruel y simple. Billy Halleck es un abogado exitoso, gordo, acomodado, que atropella y mata a una anciana romaní mientras conduce distraído. Sus contactos con el juez y con la policía hacen que el sistema lo absuelva sin que llegue a juicio. Pero Taduz Lemke, el padre de la mujer muerta — un viejo de ciento seis años —, lo toca al salir del juzgado y le dice una sola palabra: thinner. A partir de ese momento, Billy empieza a adelgazar sin control, sin importar cuánto coma. El juez que lo absolvió se llena de escamas que le cubren la piel. El policía que cometió perjurio para protegerlo desarrolla un acné monstruoso. Los dos terminan suicidándose. Billy, que llegó a pesar 107 kilos, baja y baja y no puede parar.

El castigo y la culpa: una fábula sin moraleja limpia

Lo más incómodo de Maleficio es que el castigo parece justo y desproporcionado al mismo tiempo. Billy mató a una mujer por negligencia y lo dejaron ir. La maldición le cobra lo que la ley no le cobró. Hasta ahí, la historia podría ser una fábula moral con final edificante. Pero King — o Bachman — no es tan sencillo. Billy nunca se arrepiente de verdad. Lo que le preocupa no es haber matado a una persona: lo que le preocupa es morirse. Su desesperación no es moral, es física. Pierde peso, pierde fuerza, pierde el control de su cuerpo, y todo lo que quiere es que pare.

Esa distinción es la que hace que la novela funcione. James Smythe, en su columna de relectura para The Guardian del 16 de abril de 2013, lo dijo sin rodeos: Billy es un imbécil completo que no admite culpa por lo que hizo. Smythe señala que Billy culpa a su esposa por haberlo distraído al volante, que recurre a un amigo mafioso para amenazar a los romaníes en vez de asumir lo que les debe, y que su gesto final no es un acto de nobleza sino una penitencia por autodestrucción. King ya había trabajado con protagonistas que no son héroes — Louis Creed en Cementerio de animales, Jack Torrance en El resplandor —, pero Smythe observa que Billy va un paso más lejos: ni siquiera su hija inocente se salva de las consecuencias de sus actos egoístas.

El resultado es una novela que no permite ponerse cómodo. Si estás del lado de Billy, tenés que aceptar que estás del lado de un tipo que mató a alguien, se salió con la suya y ahora quiere seguir saliéndose con la suya. Si estás del lado de la maldición, tenés que aceptar un castigo que destruye a un hombre — y a su familia — por un accidente. No hay bando correcto. Y eso es, probablemente, lo que King quería.

Bachman contra King: un libro escrito sin red

El seudónimo importa para entender Maleficio. Los libros de Bachman — El fugitivo, La larga marcha, Roadwork, Rage — comparten una cualidad que los diferencia del King firmado con nombre propio: no tienen salida. El protagonista no gana, no se redime, no encuentra una puerta trasera por la que escapar del horror. Bachman es el King que escribe sin la obligación de dejar al lector con algo parecido a la esperanza. Maleficio es el ejemplo más destilado de esa diferencia.

La idea de la novela surgió de una experiencia personal. King contó al Washington Post el 9 de abril de 1985 que todo empezó en un examen médico de rutina: pesaba 107 kilos, tenía el colesterol alto y el doctor le dijo que adelgazara. King se enfureció, después se calmó y empezó a bajar de peso. Pero cuando los kilos empezaron a irse, descubrió que no quería perderlos. La idea le llegó entonces: qué pasaría si alguien empezara a adelgazar y no pudiera parar. De esa ansiedad — el miedo a que el propio cuerpo se escape del control — salió un libro que tardó poco en escribir y que tiene la energía comprimida de algo que necesitaba salir.

Cuando un lector del Literary Guild lo leyó sin saber quién era Bachman, comentó que era lo que Stephen King escribiría si Stephen King realmente supiera escribir. A King le hizo gracia. Pero la frase revela algo real sobre el libro: Maleficio es más seco, más rápido y más despiadado que la mayoría de las novelas de King firmadas con su nombre. No hay digresiones de cincuenta páginas sobre la infancia del pueblo, no hay un elenco de veinte personajes con historias laterales. Hay un hombre que se muere y trescientas páginas para verlo morir. Es una novela de Bachman, y se nota.

Lo que no funciona: los romaníes como recurso

El punto débil de Maleficio es su representación de los romaníes. King los escribe como una tribu errante que se mueve por la costa de Nueva Inglaterra, con poderes sobrenaturales, un patriarca centenario y una justicia propia que no negocia con el mundo moderno. Es una construcción que funciona como mecanismo narrativo — la maldición necesita venir de algún lugar, y ese lugar tiene que ser inaccesible para el sistema legal que protegió a Billy —, pero que reproduce estereotipos que ya eran cuestionables en 1984 y que hoy se leen peor.

King mismo admitió la pereza: los personajes romaníes hablan en lo que se supone que es su idioma, pero en realidad son frases en sueco sacadas de traducciones de sus propios libros. Cuando los lectores lo descubrieron, King reconoció que se lo merecía. Es un detalle menor en la mecánica del libro, pero dice algo sobre el nivel de cuidado que King le puso al mundo de los romaníes comparado con el que le puso a Billy y a su entorno de abogados y mafiosos: uno es un mundo que conoce y el otro es un decorado.

Dicho eso, el problema no arruina la novela. Maleficio no es un libro sobre los romaníes: es un libro sobre Billy y sobre la culpa que no se paga con influencias. Los romaníes son el instrumento del castigo, no el tema. Pero quien lo lea hoy va a notar el desbalance, y conviene saberlo de antemano.

La adaptación y el legado

La película de 1996, dirigida por Tom Holland e interpretada por Robert John Burke como Billy y Joe Mantegna como el mafioso Ginelli, es una de las adaptaciones más flojas de King. Tiene un 16 % en Rotten Tomatoes, recaudó apenas 15 millones de dólares con un presupuesto de 14, y King no quedó conforme con el resultado — según George Beahm en Stephen King from A to Z (1998), varias escenas se volvieron a filmar y el estreno se postergó. Beahm señala que el volumen de eventos de la novela era más cercano al de una novela corta y la película tuvo que rellenar para sostener su duración, con el resultado de no conformar a nadie.

El legado de Maleficio está más en lo que significó para la historia del seudónimo que en lo que significó para la historia del horror. Fue el libro que delató a Bachman. Fue el libro que demostró que un empleado de librería de Washington D.C. podía ser mejor detective que la editorial y los programas de televisión que preguntaban. Y fue el libro que probó que, cuando la identidad se reveló, el público compraba por el nombre — el salto de 28.000 a 280.000 ejemplares lo dice todo. La novela en sí es la más conocida de los Bachman junto con La larga marcha, y por razones parecidas: porque es corta, directa, sin concesiones y sin la obligación de ofrecer una salida.

Dentro de la obra de King, Maleficio se conecta con una preocupación que aparece en libros muy distintos: la idea de que el cuerpo traiciona, de que la carne se rebela o se transforma sin permiso. Billy Halleck adelgaza como Paul Sheldon se rompe en Misery o como Cujo se convierte en otra cosa cuando el virus le llega al cerebro: la pérdida de control sobre el propio cuerpo como forma de horror que no necesita nada sobrenatural para dar miedo — aunque en este caso lo sobrenatural sea la causa.

La ficha completa del libro, con la sinopsis y los datos de edición, está en la página de Maleficio. Para el artículo sobre el seudónimo y la historia de cómo un empleado de librería desenmascaró a Bachman, la historia de Richard Bachman es el lugar.

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