Ruta americana vacía con autos abandonados al costado y cielo amenazante, desolación postapocalíptica

Reseña de La danza de la muerte, de Stephen King

«La danza de la muerte»: el ensayo general del apocalipsis que King tuvo que recortar

8.5/10

La danza de la muerte se publicó el 3 de octubre de 1978 por Doubleday. Tiene 823 páginas, pero debería haber tenido más de mil doscientas. La editorial le dijo a King que el libro era demasiado largo para que el mercado lo aguantara y él cortó unas cuatrocientas páginas del manuscrito original. Lo que quedó es una novela sobre el fin del mundo que empieza con una gripe escapada de un laboratorio militar y termina con una mano gigante de luz detonando una bomba nuclear en Las Vegas. Entre esos dos puntos hay una docena de personajes que intentan decidir qué tipo de civilización merece existir después de que la anterior se borre en cuestión de semanas.

King llevaba queriendo escribir una épica americana al estilo de El señor de los anillos desde hacía una década, según cuenta en Danse Macabre (1981). La idea se le desbloqueó en Colorado, después de ver un segmento de 60 Minutes sobre armas químicas y biológicas y de recordar un derrame real en Utah que mató un rebaño de ovejas. El héroe no iba a ser un hobbit sino un tejano llamado Stu Redman; el Señor Oscuro no iba a vivir en Mordor sino en Las Vegas; y la tierra devastada no iba a ser fantástica sino la que se veía por la ventana de cualquier ruta americana. La novela fue nominada al World Fantasy Award a la mejor novela en 1979 y ocupó el puesto 53 en la encuesta The Big Read de la BBC en 2003.

De qué va: una gripe, dos sueños y una decisión

Una cepa de gripe diseñada como arma biológica escapa de un laboratorio del Departamento de Defensa en el desierto de Mojave. Un guardia de seguridad llamado Charles Campion logra huir con su familia y se estrella en una estación de servicio en Arnette, Texas. De ahí en adelante, la propagación es imparable. Los periodistas la bautizan Captain Trips. En un mes, aproximadamente el 99,4 % de la población mundial está muerta.

King no tiene prisa. Las primeras doscientas páginas son un desmoronamiento. Familias que mueren juntas, pueblos que se vacían, un gobierno que intenta contener lo incontrolable y fracasa. Stu Redman, que estaba en la estación de servicio cuando Campion se estrelló, resulta inmune y es retenido por los militares antes de escapar. Larry Underwood, un cantante con un éxito fugaz, cruza un túnel Lincoln lleno de cadáveres para salir de Nueva York. Nick Andros, un sordomudo huérfano, se queda solo en un pueblo de Arkansas y encuentra a Tom Cullen, un hombre con discapacidad intelectual que se convierte en su compañero. Frannie Goldsmith, embarazada, entierra a su padre en el jardín de su casa de Maine.

Cuando los sobrevivientes empiezan a moverse, sueñan. Dos figuras los llaman. Una es Madre Abagail, una mujer de ciento ocho años que vive en Hemingford Home, Nebraska, y que funciona como un faro espiritual. La otra es Randall Flagg, el Hombre Oscuro, carismático y sobrenatural, que se instala en Las Vegas y construye una dictadura donde los disidentes terminan crucificados. No hay zona gris: cada sobreviviente elige hacia dónde caminar, y la novela se convierte en la historia de dos comunidades que se preparan para un enfrentamiento que parece inevitable.

Los de Madre Abagail fundan la Zona Libre en Boulder, Colorado. Organizan brigadas funerarias, restauran la electricidad, arman un comité. Los de Flagg tienen orden, tecnología y miedo. Lloyd Henreid, un asesino sacado de la cárcel por Flagg, es su lugarteniente. Trashcan Man, un pirómano con trastornos graves, se dedica a recoger armas para él. El conflicto no es solo militar: es una pregunta sobre si la humanidad, puesta a reconstruir desde cero, es capaz de no repetir los mismos errores.

Lo que hace bien: el desmoronamiento y los personajes secundarios

La primera mitad de la novela es lo mejor que King escribió sobre el colapso de una sociedad. No hay un momento en que el mundo se acabe: se deshace de a poco, escena por escena, y cada escena tiene un peso propio. Un padre que aprieta el acelerador porque su hijo ya no respira. Una familia que enciende la tele y se da cuenta de que no queda nadie del otro lado. Un soldado que sigue obedeciendo órdenes que ya no tienen sentido. King no necesita monstruos para dar miedo acá: le alcanza con mostrar lo frágil que es la normalidad.

Harold Lauder es, junto con Flagg, el mejor personaje del libro. Empieza como un adolescente gordo, inteligente, resentido, que se enamora de Frannie y se ve desplazado por Stu. En otra novela sería un secundario cómico. Acá King le da tiempo suficiente para que el lector entienda de dónde vienen sus decisiones, y cuando Harold elige el camino de Flagg la traición no es un giro: es una consecuencia de todo lo que se vino acumulando. Nadine Cross, la otra traidora del grupo de Boulder, tiene un arco parecido pero menos espacio, y funciona más como instrumento de la trama que como persona.

Glen Bateman, el sociólogo que se une a Stu al principio, es el personaje que le pone palabras a lo que la novela está haciendo. Sus reflexiones sobre la tendencia humana a reproducir los sistemas de poder — incluso cuando el sistema anterior acaba de matarlos — son lo más parecido a una tesis que tiene el libro, y King tiene la elegancia de no darle siempre la razón. Nick Andros, que no puede hablar ni oír, se comunica por escrito y toma decisiones que afectan a todo el grupo con una firmeza callada que contrasta con el volumen de los demás. Su muerte, a mitad de libro, es uno de los momentos que más pesan.

Lo que no funciona: el final y la mano de Dios

El problema de la novela es el último cuarto. King lo admitió en varias ocasiones: llegó a un punto muerto durante la escritura porque sus héroes se habían vuelto complacientes y no sabía cómo sacarlos de Boulder. Su solución fue la bomba que Harold y Nadine plantan en la reunión del comité, que mata a Nick y a varios otros y fuerza a los sobrevivientes a actuar. Después, Madre Abagail les dice en su lecho de muerte que cuatro de ellos deben caminar hasta Las Vegas y enfrentar a Flagg.

La caminata es buena. Stu se quiebra una pierna y se queda atrás. Larry, Glen y Ralph llegan a Las Vegas y son capturados. Flagg mata a Glen cuando este se niega a arrodillarse. Larry y Ralph esperan la ejecución delante de toda la comunidad de Flagg. Y entonces aparece Trashcan Man arrastrando una ojiva nuclear, Flagg conjura una bola de energía para silenciar a un disidente y esa bola se transforma en una mano gigante de luz que detona la bomba y destruye Las Vegas.

Es la mano de Dios, literalmente. Y es el punto donde la novela divide a sus lectores. Para algunos, es la culminación lógica de un libro que siempre fue sobre la fe contra el mal. Para otros, es un deus ex machina en el sentido más directo: los héroes no hacen nada, la intervención divina resuelve el conflicto por ellos. El artículo sobre el final de Apocalipsis explicado en este sitio desarrolla los tres finales —el del libro, el de la miniserie de 1994 y el de la de 2020— y las diferencias entre ellos.

King escribió una vez que el final no es lo que importa, que lo que importa es el viaje. Es una posición que se puede aceptar o no, pero en esta novela se nota la fricción: setecientas páginas de construcción minuciosa de personajes que eligen, dudan y se equivocan, resueltas por una fuerza externa que no les debe nada a esas decisiones. Más sobre ese patrón recurrente en King en el artículo sobre el problema de los finales.

La versión de 1978 contra la de 1990

Doce años después de la publicación original, King sacó la versión completa: Apocalipsis, que restauraba las cuatrocientas páginas cortadas, actualizaba la ambientación de los años ochenta a los noventa y añadía ilustraciones de Bernie Wrightson. En este sitio las dos ediciones tienen fichas separadas porque son libros diferentes: la de 1978 es la que reseño acá, y la de 1990 tiene su propia reseña.

La diferencia más visible es el espacio que tienen los personajes secundarios. En la versión abreviada, Trashcan Man es un pirómano funcional a la trama. En la completa, hay un capítulo entero con un personaje llamado The Kid que lo acompaña y que no existe acá. Larry Underwood pierde páginas de desarrollo temprano. Frannie pierde una subtrama sobre su relación con su madre. El texto de 1978 se lee más rápido y con menos desvíos, pero también pierde matices que a King le importaban lo suficiente como para restaurarlos doce años después.

Para un lector nuevo, la recomendación del sitio es la versión completa: el material restaurado no es relleno sino textura. Para un lector que viene de la versión completa y quiere entender qué cortó King, la de 1978 es un ejercicio interesante de edición: se ve dónde eligió sacrificar desarrollo de personaje a cambio de velocidad de trama, y no todas las decisiones fueron malas.

Por dónde seguir

La ficha completa del libro está en la página de La danza de la muerte. La primera aparición de Randall Flagg es acá, pero su recorrido atraviesa media docena de libros de King; su ficha en el Universo King los lista todos. Si la historia te interesó por el conflicto entre bien y mal a escala cósmica, el camino natural es la saga de La Torre Oscura, donde Flagg vuelve como uno de los antagonistas principales. Si lo que te atrapó fue el colapso de la civilización, la reseña de El visitante toca un King posterior que revisita el terror social desde otro ángulo.

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