El final de La Torre Oscura explicado: qué encuentra Roland en la cima y por qué vuelve al desierto
Roland Deschain llega a la cima de La Torre Oscura, abre una puerta con su nombre y descubre que ya estuvo ahí antes. Las manos de Gan lo empujan de vuelta al desierto, sin memoria, a repetir el viaje. Qué pasa exactamente en las últimas doscientas páginas, por qué King le pidió al lector que no las leyera, qué significa el Cuerno de Eld, y en qué sentido la película de 2017 es una secuela canónica de los libros.

El final de La Torre Oscura explicado en una línea: Roland Deschain llega a la cima de La Torre Oscura, abre la puerta que lleva su nombre y descubre que ya estuvo ahí antes, muchas veces. Las manos de Gan lo empujan de vuelta al desierto del Mohaine, al principio exacto de la historia, sin memoria de lo que acaba de pasar. El libro termina con la misma frase que abre El pistolero: «The man in black fled across the desert, and the gunslinger followed». La única diferencia es que esta vez Roland lleva consigo el Cuerno de Eld, que en la encarnación anterior dejó tirado en el campo de batalla de Jericó Hill. Eso es lo que pasa en la novela de Stephen King, publicada el 21 de septiembre de 2004 —su cumpleaños— por Donald M. Grant, con 845 páginas e ilustraciones de Michael Whelan.
Aviso: de acá en adelante el artículo destripa el final de la saga completa, incluidos los tomos anteriores. Si todavía no los leíste, tenemos las reseñas de El pistolero, La llegada de los tres, Las tierras baldías, Mago y cristal, Lobos del Calla y Canción de Susannah, y la ficha del tomo VII.
Qué pasa en las últimas doscientas páginas de la novela
El séptimo libro arranca donde terminó Canción de Susannah. Jake Chambers y el padre Callahan se enfrentan a los Hombres Bajos y a vampiros Tipo Uno en el Dixie Pig, un antro de Nueva York que sirve carne humana y tiene puertas a otros mundos. Callahan se sacrifica para que Jake sobreviva. Mientras tanto, en la aldea de Fedic, Mia da a luz a Mordred Deschain, hijo biológico de Roland y Susannah, y co-engendrado por el Rey Carmesí. El bebé cambia de forma —de humano a araña—, devora a Mia y empieza a perseguir al ka-tet.
En Maine, Roland y Eddie reclutan a John Cullum y vuelven a Fedic, donde se reúnen con Susannah y Jake. Walter O'Dim —Randall Flagg— planea matar a Mordred y usar su marca de nacimiento para acceder a la Torre, pero Mordred lo descubre, lo mata y se lo come. Es el final del Hombre de Negro, después de siete libros: muere devorado por un bebé-araña.
El ka-tet viaja a Thunderclap y al Devar-Toi para liberar a los Rompedores, un grupo de telépatas cuyas habilidades están siendo usadas para destruir los Haces que sostienen la Torre. Ted Brautigan y Dinky Earnshaw los ayudan desde adentro. Los pistoleros liberan a los Rompedores, pero Eddie recibe un disparo después de la batalla y muere. Es la primera gran pérdida del grupo, y Roland no se detiene: junto con Jake y Oy salta a Maine de 1999 para salvar la vida de Stephen King, que en esta novela es un personaje y cuya supervivencia el ka-tet cree necesaria para que la Torre siga en pie.
Descubren que King está a punto de ser atropellado por una furgoneta. Jake empuja a King y lo salva, pero muere en el intento. Roland entierra a su hijo adoptivo y vuelve con Oy a Susannah en Fedic. Viajan durante semanas a través de páramos helados hacia la Torre.
En el camino encuentran a Patrick Danville —el joven artista profetizado en Insomnia— encerrado por un vampiro psíquico llamado Dandelo, que se alimenta de las emociones de sus víctimas. Le han cortado la lengua. Dandelo los embosca haciéndolos reír hasta debilitarlos, pero Roland y Susannah lo derrotan. Liberan a Patrick y descubren su talento: lo que Patrick dibuja se vuelve real.
A medida que se acercan a la Torre, Susannah decide que Roland necesita completar el viaje sin ella. Le pide a Patrick que dibuje una puerta que ella ha visto en sueños: Patrick la dibuja, la puerta aparece, y Susannah cruza a un mundo alternativo donde Eddie y Jake son hermanos con el apellido Toren. Se llevan una de las pistolas de Roland. Oy decide quedarse con el pistolero.
Mordred, ya moribundo por una intoxicación alimentaria, ataca a Roland mientras duerme. Oy lo defiende ferozmente, dándole a Roland los segundos que necesita para matar a Mordred de un disparo. Pero Oy es empalado en una rama y muere. Roland pierde a su último compañero.
Roland llega a la Torre solo. El Rey Carmesí lo espera en un balcón, lanzándole bolas de fuego. Durante horas quedan en un punto muerto. Roland le pide a Patrick que dibuje al Rey y después lo borre. Patrick lo hace —usando una pasta de pétalos de rosa y sangre de Roland para pintar los ojos de rojo— y el Rey Carmesí desaparece de la existencia. Solo quedan sus ojos, flotando, porque el borrador no los pudo sacar del papel. Roland entra en la Torre mientras Patrick vuelve por donde vino.
La coda y la advertencia de King al lector
Antes de contar lo que Roland encuentra adentro de la Torre, King se detiene y le habla directamente al lector. Le dice que puede parar ahí. Que el último recuerdo puede ser el de Susannah encontrando a Eddie y Jake en un Central Park alternativo. Que eso es casi un final feliz. King avisa que quien siga leyendo puede terminar decepcionado, y dice una frase que los fans citan desde entonces: que no existe tal cosa como un final feliz, que un final es solo otra forma de decir adiós.
Es un gesto sin precedentes en la obra de King: el autor ofreciéndole al lector la posibilidad de cerrar el libro y no saber. Lo que lo hace tan eficaz es que funciona como un espejo de la propia historia. Roland tuvo la chance de detenerse más de una vez y no la tomó nunca. El lector que sigue pasando las páginas después de la advertencia está haciendo exactamente lo mismo que Roland: necesita saber qué hay en la cima, aunque le hayan dicho que no le va a gustar. King convierte al lector en Roland. Y el lector, como Roland, no puede parar.
Lo que sigue es la coda. Roland sube por la Torre, que no es de piedra sino de carne: es el cuerpo físico de Gan, el dios creador del multiverso de Mid-World. En cada piso encuentra reliquias de su vida: el cuerno de caza de su madre, la nave de cristal de Maerlyn, la fotografía de Susannah y Eddie. Al llegar a la cima, encuentra una puerta con su nombre. La abre, y entiende: ya estuvo ahí antes. Muchas veces. Está atrapado en la rueda de Ka, condenado a repetir su viaje una y otra vez. Las manos de Gan lo empujan por la puerta, y Roland aparece en el desierto del Mohaine, sin recuerdos, persiguiendo al hombre de negro una vez más.
Ka es una rueda: por qué el final es un bucle
El glosario oficial que King publica en stephenking.com define Ka como «destino» o «sino» y lo describe como una rueda cuyo único propósito es girar. Ka no es bueno ni malo: mueve a ambos. Roland, que sacrificó a todos sus compañeros por llegar a la Torre —dejó caer a Jake en la oscuridad en El pistolero, dejó morir a Eddie en el Devar-Toi, vio morir a Oy protegiéndolo—, descubre que su castigo es repetir el viaje. Las razones exactas que Gan tiene para atraparlo nunca se explican. King las deja abiertas.
Pero hay una diferencia. Cuando Roland aparece de vuelta en el desierto, tiene el Cuerno de Eld. En la encarnación anterior —la que el lector acaba de leer durante siete libros— Roland había dejado el Cuerno tirado en el suelo después de la Batalla de Jericó Hill. Esta vez lo recogió. La voz de Gan le susurra que si vuelve a llegar a la Torre, tal vez el resultado sea distinto. Que quizás haya descanso y redención, si se mantiene fiel.
Es una estructura que evoca el mito de Sísifo, pero con una vuelta: la piedra no es exactamente la misma cada vez que sube. Roland cambia de una iteración a la otra, aunque no lo recuerde. El Cuerno es la prueba de que el ciclo no es una condena estática sino una espiral: cada vuelta es casi igual a la anterior, pero no idéntica. La pregunta que King deja sin responder —a propósito— es si Roland va a llegar alguna vez a la cima y encontrar algo que no sea su propio nombre en la puerta.
King dijo en el epílogo del libro que no estaba exactamente encantado con el final, pero que era el final correcto. El único posible, de hecho. Es una posición que se sostiene dentro de la lógica de la saga. Un final feliz —Roland llega a la Torre, encuentra la paz, fin— habría contradicho todo lo que los siete libros dicen sobre Ka: que es una fuerza que no se detiene, que la rueda sigue girando, que el pistolero sigue caminando. Darle un cierre limpio a Roland habría sido mentirle al lector sobre lo que la saga venía diciendo desde la primera línea.
La película de 2017 como secuela canónica
El 18 de mayo de 2016, King publicó un tuit con una foto del Cuerno de Eld y las palabras «Last Time Around». El tuit decía: «The Dark Tower is close, now. The Crimson King awaits. Soon Roland will raise the Horn of Eld. And blow.» La confirmación era explícita: la película de 2017, con Idris Elba como Roland y Matthew McConaughey como Walter, no era una adaptación directa de los libros sino una secuela. Transcurría en el siguiente giro de la rueda de Ka, el que arranca con Roland llevando el Cuerno.
La película, dirigida por Nikolaj Arcel y estrenada el 4 de agosto de 2017, comprimió elementos de los ocho tomos en 95 minutos. Roland protege la Torre, un joven Jake con poderes psíquicos lo ayuda, y Walter muere de un disparo al final. En este ciclo, Roland salva la Torre y le ofrece a Jake convertirse en su aprendiz de pistolero. El concepto de secuela era narrativamente estimulante —el final de la novela lo habilita expresamente—, pero la ejecución recibió críticas negativas. La película recaudó 113 millones de dólares sobre un presupuesto de 66 millones y no generó la franquicia multimedia que se planeaba. El panorama completo de las versiones filmadas de King está en nuestra sección de adaptaciones.
Cómo se lee hoy este final
La novela ganó el British Fantasy Award en 2005. Publishers Weekly la reseñó con estrella y la llamó «a hypnotic blend of suspense and sentimentality». El New York Times, en su reseña del 17 de octubre de 2004 firmada por Michael Agger, la describió como «pulp metafiction», un término que captura bastante bien lo que King hizo: escribirse a sí mismo dentro de una saga de pistoleros y torres, convertir al lector en participante del ciclo, y cerrar un proyecto de treinta años con una puerta que se abre al principio.
El final divide al fandom desde el día de publicación, y esa división no se cerró. La objeción más frecuente es que el bucle invalida todo lo que se leyó: si Roland va a volver al desierto y repetirlo todo, ¿para qué fueron las 4.500 páginas? La defensa más sólida —y la que el propio libro propone— es que no lo invalida, sino que lo resignifica. El viaje no es el medio para llegar a la Torre: el viaje es el punto. Lo que Roland tiene que aprender no es cómo llegar a la cima, sino cómo llegar sin perderlo todo en el camino. El Cuerno es la señal de que la lección, en algún lugar que Roland no recuerda, empezó a calar.
Es también la respuesta de King a un problema que él venía pensando en voz alta: el problema de los finales. En It, en Apocalipsis, en Needful Things, la queja siempre fue que King construye mil páginas perfectas y las últimas veinte no están a la altura. En La Torre Oscura eligió no resolver esa tensión: la convirtió en el tema del libro. El final no satisface porque no puede satisfacer. Y esa insatisfacción, leída dentro de la saga, no es un defecto de construcción: es el punto.
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