El final de It explicado: el Ritual de Chüd, la araña y lo que los Perdedores olvidan
Eddie Kaspbrak mete un inhalador de asma en la garganta de una araña gigante y muere desangrado en las cloacas de Derry. Bill Denbrough le destroza el corazón a la criatura. Después la peor tormenta de la historia de Maine se lleva el pueblo, los Perdedores se van y empiezan a olvidar. Qué pasa exactamente en las últimas cien páginas, qué son el Ritual de Chüd y las Luces Mortales, y en qué se diferencian los finales de la miniserie de 1990 y la película de 2019.

El final de It, explicado en una línea: los Perdedores bajan a las cloacas de Derry por segunda vez, se enfrentan a la forma verdadera de Eso —una araña gigante y monstruosa—, Eddie Kaspbrak muere intentando herirla, y Bill Denbrough le destroza el corazón mientras los demás la desmembran a golpes. Después, la peor tormenta en la historia de Maine arrasa el centro de Derry, los Perdedores se van y empiezan a olvidarse de todo otra vez. Eso es lo que pasa en la novela de Stephen King, publicada el 15 de septiembre de 1986 por Viking Press con 1.138 páginas. La miniserie de 1990 y la película de 2019 cuentan finales distintos.
Aviso: de acá en adelante el artículo destripa la novela completa y los finales de las dos adaptaciones principales. Si todavía no la leíste, tenemos una reseña del libro y su ficha completa esperándote.
Qué pasa exactamente en las últimas cien páginas de la novela
En julio de 1984, un joven llamado Adrian Mellon es asesinado por un grupo de adolescentes que lo arrojan de un puente, y su pareja y uno de los atacantes ven a un payaso misterioso junto al cuerpo. Las desapariciones de chicos vuelven a empezar en Derry, y Mike Hanlon, el único de los Perdedores que se quedó en el pueblo, llama a los otros seis. Todos aceptan volver salvo Stan Uris, que se corta las venas y muere antes de salir de su casa.
Los cinco restantes —Bill Denbrough, Beverly Marsh, Ben Hanscom, Richie Tozier y Eddie Kaspbrak— vuelven a Derry y descubren que no recuerdan casi nada de lo que pasó veintisiete años atrás. Henry Bowers, el bully de la infancia, escapa del manicomio con ayuda de Eso y ataca a Mike en la biblioteca, dejándolo gravemente herido. Bowers muere cuando intenta matar a Eddie. La mujer de Bill, Audra, viaja a Derry por su cuenta y es capturada por la criatura: queda catatónica después de ver sus Luces Mortales.
Los cinco Perdedores que quedan en pie bajan a las cloacas sabiendo que Mike está al borde de la muerte en el hospital. Desde ahí le envían energía como grupo, y Mike logra defenderse de una enfermera controlada por Eso. En la guarida de la criatura encuentran a Audra envuelta en telarañas y al marido de Beverly, Tom Rogan, muerto de un colapso tras haber visto la forma real de Eso.
Y ahí llega el enfrentamiento final. Eso se transforma en una araña gigante y mutada. Bill y Richie entran en su mente a través del Ritual de Chüd —el mismo que Bill intentó en 1958—, pero esta vez quedan atrapados dentro. Eddie interviene: le mete su inhalador de asma en la garganta a la araña, usando el poder de la imaginación de Eso en su contra, creyendo que el spray es ácido. Funciona, y la araña retrocede. Pero en la retirada le arranca el brazo a Eddie, que se desangra y muere.
La araña huye para lamerse las heridas. Ben se queda atrás a destruir los huevos que Eso puso. Bill y Richie la persiguen, y Bill logra aplastarle el corazón. Los demás lo ayudan a golpear, pisotear y desmembrar a la criatura hasta que deja de moverse. Intentan llevarse el cuerpo de Eddie, pero al final tienen que dejarlo en las cloacas.
Al mismo tiempo, la peor tormenta que se recuerda en Maine barre Derry, y el centro del pueblo se derrumba. Mike concluye que Derry se está muriendo. Y después pasa algo que el libro ya había anunciado pero que no por eso duele menos: las cicatrices de las manos de los Perdedores, las del pacto de sangre de 1958, desaparecen. La marca de lo que vivieron se borra como si nunca hubiera existido.
Ben y Beverly se van juntos y se hacen pareja. Richie vuelve a California. Mike empieza a olvidar los hechos de aquel verano, incluso las notas que escribió se desvanecen, y lo vive con alivio: piensa en irse de Derry y empezar de nuevo. Bill es el último en marcharse. Antes de irse, saca a Audra —todavía catatónica— a dar una vuelta en Silver, su vieja bicicleta de infancia. La velocidad la despierta. Se besan.
El Ritual de Chüd, Maturin y las Luces Mortales: qué es cada cosa
El Ritual de Chüd es el nombre que la novela le da a la batalla psíquica entre Bill y Eso. No es una pelea física: es una confrontación de voluntades que ocurre en un plano llamado el Macroverse, el espacio exterior a nuestro universo donde Eso nació. Bill entra al Macroverse mirando directamente a las Luces Mortales de Eso —tres luces naranjas que constituyen su esencia— y se aferra mentalmente, como si le mordiera la lengua a la criatura en un forcejeo psíquico.
Dentro del Macroverse, Bill se encuentra con Maturin, la tortuga cósmica que creó nuestro universo de forma accidental (vomitándolo durante un dolor de estómago, según la cosmología de la saga). Maturin es la antítesis de Eso: un ser antiguo, benévolo y pasivo que funciona como uno de los doce Guardianes de los Haces que sostienen La Torre Oscura. De Maturin, Bill saca la fuerza para resistir.
En 1958, Bill gana el Ritual y los chicos logran herir a Eso, pero no saben si lo mataron. En 1985, cuando los adultos vuelven, descubren que Maturin ha muerto. Esta vez no hay tortuga que los ayude. Bill y Richie entran juntos al Ritual, y lo que los salva no es la intervención de un dios sino el gesto humano de Eddie: su inhalador, su imaginación, su voluntad de creer que puede dañar a algo más grande que él. Es una lógica que King repite en muchos de sus libros y que exploramos en La amistad como arma en la obra de Stephen King: la victoria no viene del héroe individual sino del grupo, del vínculo que funciona como ka-tet.
Por qué muere Eddie y no otro
La muerte de Eddie Kaspbrak es el golpe emocional más fuerte del final. King no explicó públicamente por qué eligió a Eddie y no a otro de los Perdedores, pero dentro de la novela la elección tiene una coherencia interna difícil de ignorar. Eddie es el personaje cuya vida adulta quedó más encerrada por el miedo: se casó con una mujer que reproduce exactamente el patrón de control de su madre hipocondríaca, y trabaja en algo seguro y rutinario. Su arma contra Eso es un inhalador de asma, el mismo objeto que representa la enfermedad inventada con la que su madre lo mantuvo sometido toda la infancia.
Que Eddie use el inhalador como ácido, transformando un símbolo de debilidad en un arma, es un arco que no puede tener un final intermedio: o funciona y él sobrevive liberado, o funciona y el esfuerzo lo mata. King elige lo segundo. Eddie vence a su monstruo personal —la idea de que es frágil, de que necesita permiso para actuar— exactamente en el momento en que muere. Es un cierre que duele porque es coherente, no porque sea gratuito.
La novela sabe lo que está haciendo: los Perdedores intentan llevarse el cuerpo de Eddie y no pueden. Lo dejan en la guarida de Eso, bajo Derry, y después la tormenta se lo traga todo. No hay funeral, no hay entierro, no hay escena de despedida. El libro pasa de la muerte de Eddie al derrumbe del pueblo sin pausar, y esa elipsis es una de las cosas más crueles y más eficaces de toda la obra de King.
El olvido como final: por qué los Perdedores no recuerdan
El final de It no termina con la muerte de la araña. Termina con el olvido. Las cicatrices de la mano desaparecen. Ben y Beverly, que se enamoran en las cloacas, olvidan los detalles de cómo empezó. Richie se va y deja de llamar. Mike, que fue el guardián de la memoria del grupo durante veintisiete años, ve cómo se le borra todo, incluyendo lo que anotó en su diario. Y lo vive como un alivio.
Se puede leer como un mecanismo de defensa psicológica —el trauma se reprime, la vida sigue—, pero también como algo más oscuro: Derry siempre funcionó así. Los adultos del pueblo nunca vieron lo que los chicos veían, y las desapariciones se olvidaban rápido. Los Perdedores, que fueron la excepción a esa regla durante un verano, terminan cumpliendo la misma regla que rompieron. La victoria sobre Eso es real, pero la memoria de haberla conseguido no sobrevive.
En la estructura de la novela, el olvido es también la explicación de por qué la historia se cuenta en dos tiempos. Si los Perdedores no olvidaran, la segunda parte no existiría: no habría llamada de Mike, ni shock del regreso, ni necesidad de reconstruir un pasado que el cerebro enterró. King escribió 1.138 páginas para contar una historia que sus propios personajes no van a recordar.
Los tres finales en pantalla: miniserie de 1990 y película de 2019
El final de la novela no es exactamente el final que la mayoría de la gente conoce, porque las adaptaciones cambiaron cosas importantes. El panorama completo de las versiones filmadas está en nuestra sección de adaptaciones.
En la miniserie de 1990, dirigida por Tommy Lee Wallace y emitida por ABC en dos partes el 18 y 20 de noviembre de ese año, los Perdedores adultos vuelven a Derry treinta años después, no veintisiete. Bowers apuñala a Mike pero se mata a sí mismo con su propio cuchillo cuando Eddie y Ben lo confrontan. En la guarida, Eso se transforma en la araña gigante. Beverly recupera un arete de plata que había disparado de chica y le da en la cabeza a la araña, y Eddie intenta repetir el truco del inhalador-ácido pero es agarrado y herido de muerte. Los demás persiguen a la araña herida, le arrancan el corazón y lo aplastan. Eddie muere. Sacan el cuerpo de Eddie y a Audra, catatónica. Mike se recupera en el hospital. Ben y Beverly se casan y esperan un hijo. Bill despierta a Audra montándola en Silver, igual que en el libro.
La diferencia principal de la miniserie es de tono: la escena sexual de los chicos en las cloacas fue eliminada, y el final es más limpio emocionalmente. Los recuerdos se desvanecen como en la novela, pero sin la misma carga de pérdida.
En It Chapter Two (2019), dirigida por Andy Muschietti, el cambio es más profundo. Los Perdedores vuelven a Derry en 2016. Mike les muestra el Ritual de Chüd, que en esta versión requiere artefactos del pasado de cada Perdedor. Bajan a la guarida, lo realizan, y el Ritual falla: Eso emerge como un híbrido gigante entre Pennywise y una araña. Eddie lo hiere pero es empalado y muere. Los Perdedores descubren que lo que puede derrotar a Eso no es un ritual sino enfrentar sus miedos y reducir el poder de la criatura haciéndola sentir pequeña. Le gritan insultos, la acorralan psicológicamente, y Pennywise se encoge hasta volverse un bebé desamparado. Mike le arranca el corazón y lo aplastan entre todos.
El cambio más significativo de la película de 2019 es la carta de Stan. En el libro, Stan se suicida por pánico. En la película, Stan dejó cartas para cada Perdedor explicando que se mató a propósito para fortalecer al grupo: sabía que su miedo los debilitaría, y su sacrificio fue una decisión calculada, no un acto de cobardía. Es una reinterpretación generosa que el libro no ofrece, y que convierte a Stan en algo parecido a un héroe.
La otra diferencia notable de la película es lo que pasa con Richie. En la novela y la miniserie, Richie es un bromista sin mucho peso emocional en el desenlace. En la película de 2019, Richie es gay, y su dolor por la muerte de Eddie tiene una dimensión amorosa que la novela no explora. La escena final, donde Richie vuelve al puente donde de chico talló las iniciales suyas y de Eddie, es una invención de la película que no tiene equivalente en el libro.
Cómo se lee hoy este final
It ganó el British Fantasy Award en 1987 y fue el libro de ficción en tapa dura más vendido en Estados Unidos en 1986, según Publishers Weekly. Fue nominada al Locus Award y al World Fantasy Award ese mismo año. En 2003 quedó en el puesto 144 de la encuesta The Big Read de la BBC. El New York Times, en su reseña de agosto de 1986, elogió la capacidad de King para crear atmósfera pero señaló falta de motivación en la muerte de Stan y en la reunión del grupo. The Guardian, en una revisita de 2013, la llamó «una maravilla estructural». Reactor describió el libro como «por turnos aburrido y chocante» y «uno de los libros más frustrantes y desconcertantes de King».
El final en sí arrastra la misma discusión que otros cierres de este autor, que repasamos en El problema de los finales de Stephen King: la desproporción entre las mil páginas de construcción y la resolución, que acá se apoya en una araña gigante, un inhalador y golpes. La objeción más frecuente es que la forma de araña resulta demasiado literal para un monstruo que el resto del libro había definido como algo imposible de ver, y que la pelea física, después de mil páginas de terror psicológico, se siente pequeña.
La defensa más sólida del final es que King nunca pretendió que la araña fuera la verdadera forma de Eso. La novela lo dice explícitamente: lo que los Perdedores ven como una araña es lo más parecido a la realidad que sus cerebros humanos pueden procesar. La verdadera forma de Eso son las Luces Mortales, que existen en el Macroverse y que ningún ser humano puede contemplar sin perder la razón. La araña es un compromiso perceptivo, no una revelación. Y el olvido del final no es un efecto secundario: es el precio. La gente de Derry siempre olvidó, y los Perdedores, al final, también. Ganar no significa recordar haber ganado.
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