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Canción de Susannah es el sexto volumen de La Torre Oscura, publicado el 8 de junio de 2004 por Donald M. Grant Publishers con ilustraciones de Darrel Anderson. Tiene 432 páginas divididas en trece secciones que King llama «estrofas» —stanzas—, más una coda, siguiendo la lógica musical del título. Es el libro más corto de la saga después de El pistolero, y también el más veloz: donde Lobos del Calla dedicaba cientos de páginas a construir un pueblo antes de destruirlo, este tomo arranca en movimiento y no frena.
La premisa viene del cliffhanger anterior: Susannah Dean perdió el control de su cuerpo. Una entidad llamada Mia la tomó, robó Negro Trece —la más peligrosa de las Bolas del Mago— y cruzó la Puerta Inefable hacia la Nueva York de 1999 para dar a luz al hijo que lleva dentro: Mordred, una criatura nacida de dos madres y dos padres, destinada a ser un arma del Rey Carmesí contra Roland. El ka-tet se divide en tres frentes para intentar alcanzarla, y esa división es la estructura del libro.
La primera línea sigue a Susannah y Mia por las calles de Nueva York. Mia negocia con Susannah dentro de su propia mente —en un espacio compartido que parece un castillo— mientras en el plano físico avanza hacia el Dixie Pig, un restaurante del East Side que es fachada de los sirvientes del Rey Carmesí. El trato que Mia le propone a Susannah es simple: dejame dar a luz a mi hijo y después te devuelvo tu cuerpo. Susannah, que conserva más presencia de lo que Mia cree, juega a aceptar mientras prepara una salida.
La segunda línea manda a Jake Chambers, al Padre Callahan y a Oy detrás de Susannah a la misma Nueva York de 1999. Les toca localizar a Calvin Tower, el librero que posee el solar del número 2 de la calle 46, donde crece la Rosa que sostiene la Torre, y convencerlo de que venda antes de que la Corporación Sombra lo haga desaparecer. Jake y Callahan se mueven por una ciudad que el lector ya conoce, pero que ahora está llena de trampas.
La tercera línea es la más extraña. Roland y Eddie Dean aparecen en East Stoneham, Maine, en 1977, donde tienen que conseguir que Tower firme los papeles de venta del solar. Pero el desvío los lleva a un encuentro que cambia todo el tono de la saga: conocen a un joven escritor llamado Stephen King. Roland lo hipnotiza para que retome una novela que abandonó —la saga de la Torre Oscura—, porque en la cosmología de este mundo, la ficción que King escribe es uno de los mecanismos que sostienen la Torre real. Si King no escribe, la Torre cae.
Es una idea que King venía preparando desde Lobos del Calla, cuando Callahan encontraba un ejemplar de 'Salem's Lot en la cueva de Calvin Tower. Acá la metaficción deja de ser un guiño y se vuelve argumento: el autor es un personaje dentro de su propia historia, y su trabajo de escritor tiene consecuencias físicas en el mundo que inventó. O que no inventó, según como se mire.
Después de Mago y cristal y Lobos del Calla, que entre los dos suman más de 1.400 páginas y se toman su tiempo, este libro se lee con la urgencia de un thriller. King corta entre las tres líneas sin avisar, cada estrofa termina en un punto de tensión y las 432 páginas pasan más rápido que las primeras 200 de cualquiera de los dos tomos anteriores. No es un libro contemplativo: es una carrera.
El mejor logro del libro es Susannah. King le había dado el rol más difícil de la saga —la mujer negra sin piernas, atrapada entre personalidades, embarazada de algo monstruoso— y acá finalmente la deja ser el centro. La relación entre Susannah y Mia es lo más interesante que escribió King sobre identidad fracturada desde Misery, y funciona porque ninguna de las dos es simplemente buena o mala: Mia quiere ser madre con una desesperación genuina, y Susannah entiende eso incluso mientras pelea por recuperar su cuerpo. Las escenas dentro del «castillo» mental que comparten son de lo más potente del libro.
John Cullum, un jubilado de Maine que ayuda a Roland y Eddie sin terminar de entender qué está pasando, es otro acierto menor pero efectivo. King siempre supo escribir personajes secundarios que aparecen durante cincuenta páginas y se quedan en la memoria, y Cullum es de esa estirpe: un hombre práctico, sin ningún interés en lo sobrenatural, que hace lo que hay que hacer porque se lo piden y porque le parece lo correcto.
El libro termina con una coda que consiste en entradas de un diario ficcionalizado de Stephen King, fechadas entre 1977 y 1999. King se escribe a sí mismo anotando ideas sobre la Torre Oscura, luchando con el bloqueo, pasando por su accidente automovilístico de 1999 y entendiendo, tarde, que la saga que dejó tirada tiene consecuencias más allá de la ficción. Es una idea brillante en el papel. En la práctica, ralentiza un final que venía lanzado y obliga al lector a cambiar de registro justo cuando necesita resolución.
La metaficción en general es el punto más divisorio del libro, y de la recta final de la saga en general. Que Stephen King sea un personaje dentro de la Torre Oscura es coherente con la cosmología que construyó a lo largo de seis tomos: si todos los mundos existen, el mundo donde alguien escribe sobre esos mundos también existe, y el escritor es parte del mecanismo. Pero una cosa es que la idea sea coherente y otra que funcione narrativamente. Cuando Roland hipnotiza a King para que escriba, el lector tiene que aceptar que el destino de estos personajes depende de la productividad de su autor real, y eso puede sacarte de la historia con la misma facilidad con la que puede fascinarte.
El otro problema es estructural: este es un libro de transición. La historia no cierra. Las tres líneas argumentales quedan abiertas — Susannah llega al Dixie Pig pero el parto no ocurre, Jake y Callahan se plantan frente a la puerta del restaurante listos para atacar, y la cuestión del solar de la Rosa queda en el aire. King publicó el séptimo tomo apenas tres meses después, el 21 de septiembre de 2004, así que en su momento la espera era mínima. Leído hoy como unidad individual, el final es un corte abrupto más que un cierre.
Canción de Susannah ocupa un lugar incómodo en la saga: es el penúltimo tomo, y como tal, su trabajo es dejar todas las piezas donde tienen que estar para que La Torre Oscura VII las recoja y cierre. Mordred, la Rosa, el Dixie Pig, la vulnerabilidad de Stephen King como garante de la Torre: todo esto se introduce o se profundiza acá, y todo se resuelve en el tomo siguiente. Eso convierte a este libro en el que menos se sostiene solo de los siete, pero también en el que más necesita la saga para funcionar como unidad.
Si llegaste hasta acá, el libro se lee en una o dos sentadas — la brevedad ayuda. Y si todavía no leíste Salem's Lot, este es el último momento para hacerlo antes de que los hilos de Callahan se tensen del todo en el séptimo tomo. También vale la pena leer El accidente de 1999 antes de la coda: las entradas del diario de King cubren los años alrededor del accidente, y son más potentes si conocés el contexto real.
La novela fue publicada junto con la séptima el mismo año, 2004, cerrando una saga que King había empezado a escribir en 1970. Matt Thorne, en The Independent, lo llamó el mejor libro de la serie hasta ese momento. Michael Agger, en el New York Times, fue más escéptico y criticó la autoindulgencia de la autoinserción, aunque reconoció que King como personaje era el elemento más creíble de la saga. Ninguno de los dos está del todo equivocado: este es un libro que funciona o no funciona según cuánto estés dispuesto a aceptar que King rompa la cuarta pared y se ponga del otro lado.
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