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Hay un punto en La Torre Oscura donde la saga deja de avanzar hacia la Torre y se detiene a respirar. Ese punto es Lobos del Calla, el quinto volumen, publicado en octubre de 2003 por Donald M. Grant y con ilustraciones de Bernie Wrightson. El libro tiene 714 páginas, y la mayoría no transcurre en un camino sino en un pueblo. Roland Deschain y su ka-tet llegan a Calla Bryn Sturgis, una comunidad agrícola de Mid-World que lleva generaciones soportando un ciclo de terror: cada cierto tiempo aparecen los Lobos, se llevan a uno de cada par de gemelos y los devuelven vivos pero rotos —con retraso mental, condenados a crecer de forma monstruosa y a morir jóvenes—. Los habitantes del pueblo le piden ayuda al pistolero, y Roland acepta.
La premisa es un western declarado. King reconoció que la estructura viene de Los siete samuráis de Akira Kurosawa y de su remake Los siete magníficos: un grupo de desconocidos que defiende una aldea contra una amenaza cíclica. El propio subtítulo del libro es Resistance. Y esa estructura funciona, en parte porque King no tiene apuro: dedica la mayor parte de las 714 páginas a preparar la batalla, no a ejecutarla.
La novela arranca después de que el ka-tet sobrevive a la starkblast narrada en El viento por la cerradura. Eddie Dean y Jake Chambers empiezan a viajar en sueños a Nueva York de 1977 mediante un estado llamado todash, donde se encuentran con Calvin Tower, el librero que posee el solar de la Rosa —la manifestación física de la Torre Oscura—. Un mafioso llamado Enrico Balazar quiere comprar ese solar para la Corporación Sombra, y si lo consigue, la Rosa y la Torre caen.
Al mismo tiempo, los habitantes de Calla Bryn Sturgis y el Padre Callahan alcanzan al grupo y les piden ayuda. Callahan es el cura de Salem's Lot, la novela de 1975, y King lo rescata con una historia de fondo que ocupa capítulos enteros: después de su enfrentamiento con el vampiro Kurt Barlow en 'Salem's Lot, Callahan terminó cruzando a Mid-World con un artefacto llamado Negro Trece —una de las bolas del mago— que es a la vez la llave y el veneno de esta parte de la trama.
Mientras el ka-tet planifica la defensa del pueblo, Susannah Dean guarda un secreto: está embarazada, y una segunda personalidad llamada Mia crece dentro de ella. Esta línea argumental no se resuelve en este volumen — es la mecha que enciende Canción de Susannah.
Roland y Jake descubren que Andy, un robot humanoide que vive en el pueblo desde hace generaciones, es en realidad un espía de los Lobos. Jake sigue al padre de su amigo Benny Slightman hasta un puesto militar llamado el Dogan, donde escucha comunicaciones con alguien llamado Finli o'Tego, del otro lado de Thunderclap. El traidor vendía información a cambio de que no se llevaran a su hijo.
La batalla llega en el último tramo. Roland revela lo que averiguó: los Lobos no son hombres sino robots, igual que Andy. Sus armas son snitches y sables de luz —referencias literales a Harry Potter y a Star Wars—, y sus rostros se parecen a Doctor Doom, de Marvel Comics. El ka-tet los embosca con la ayuda de las mujeres del pueblo, que lanzan platos de porcelana afilados. Los Lobos caen todos, pero la batalla cobra dos vidas: una lanzadora y Benny Slightman, el amigo de Jake.
Si Las tierras baldías era la novela de la acción y Mago y cristal la del pasado, Lobos del Calla es la novela de la comunidad. King dedica más páginas a las asambleas del pueblo, a los miedos de los granjeros y a las conversaciones de fogón que a los disparos. El resultado es que cuando la batalla finalmente ocurre, cada muerte importa, porque King se tomó el trabajo de que conozcas a la gente que muere.
La incorporación de Callahan es el mejor rescate de personaje de toda la saga. King toma un cura derrotado de una novela de 1975 y lo convierte en un miembro funcional del ka-tet, con una historia intermedia que incluye vampiros menores, exilios, y un viaje entre mundos que termina en Mid-World. No es fan service: Callahan trae consigo Negro Trece y la conexión con Salem's Lot, que son piezas de la trama, no guiños. Su arco además funciona como espejo del de Roland: los dos son hombres que huyeron de un fracaso y que acá se plantan por primera vez.
El otro acierto grande es la tensión entre la misión de Roland y el costo humano. Roland siempre fue un hombre dispuesto a sacrificar todo por la Torre. Acá se ve obligado a detenerse, a involucrarse con gente que no tiene nada que ver con su búsqueda y a aceptar que ayudarlos tiene consecuencias. Es el tomo donde el pistolero se vuelve más humano, y eso no es poco para un personaje que dejó morir a Jake en el primer libro.
Hay un detalle que se pasa por alto fácil: la forma en que King trabaja el concepto de los gemelos. En Calla Bryn Sturgis casi todos los nacimientos son de mellizos, y los Lobos siempre se llevan a uno de cada par. King no explica por qué nacen tantos gemelos —es una anomalía de Mid-World, no un misterio que se resuelve— pero usa esa rareza para construir algo más interesante: un pueblo entero donde la mitad de la gente perdió a la otra mitad de sí misma. Los «roont» caminan por la calle, enormes y vacíos, como recordatorios vivos de lo que les van a hacer a los hijos de todos. No es un monstruo abstracto: es un vecino con la mirada perdida que solía ser igual que vos.
Las 714 páginas se sienten. King tarda en llegar al punto, y hay secciones enteras —especialmente las asambleas del pueblo— que repiten información que el lector ya tiene. El flashback de Callahan, aunque es excelente, ocupa un espacio que se nota en una novela que ya es larga por sí sola. Si los tomos anteriores tenían un ritmo que tiraba hacia adelante, este se planta.
Las referencias a la cultura pop son el otro punto divisorio. Los Lobos usan sables de luz, tiran snitches de Harry Potter y tienen caras de Doctor Doom. King dice explícitamente que esos objetos vienen de la cultura pop de otros mundos que coexisten en el multiverso de la Torre. Es una idea coherente con la cosmología de la saga, pero en la práctica rompe la atmósfera: es difícil tomarse en serio a un villano que parece salido de una convención de cómics. A algunos lectores les divierte; a otros les saca de la historia.
Y hay un problema estructural: la novela no cierra. La batalla contra los Lobos se resuelve, pero la línea de Susannah, la de Calvin Tower y la de Negro Trece quedan abiertas. Es un tomo de transición, y se nota. King publicó los tres últimos volúmenes entre 2003 y 2004, así que la espera entre uno y otro era mínima, pero leído hoy como unidad individual, el final deja la sensación de un capítulo que se corta.
Lobos del Calla es el tomo bisagra. Los cuatro primeros construyen el mundo, presentan al ka-tet y cuentan el pasado de Roland. A partir de este, la saga se vuelve una carrera hacia el final: los tres últimos volúmenes son casi una novela continua, y las piezas que se colocan acá —Callahan, Negro Trece, Mia, el solar de la Rosa— son las que sostienen esa recta final. Sin este libro, Canción de Susannah y La Torre Oscura VII no tienen base.
Es también el tomo donde la metaficción entra de lleno. Callahan encuentra un ejemplar de 'Salem's Lot —una novela escrita por alguien llamado Stephen King— en la cueva donde guarda los libros de Calvin Tower. Es la primera vez que la saga reconoce abiertamente que sus personajes existen dentro de una ficción escrita por un autor real, una línea que se profundiza en los dos tomos siguientes.
La novela fue nominada al premio Locus a la Mejor Novela de Fantasía en 2004, un reconocimiento infrecuente para una saga que el mundo editorial nunca terminó de clasificar: la serie mezcla western, fantasía, ciencia ficción y terror sin pedir permiso ni disculparse. King publicó dos extractos antes de la edición completa: «Calla Bryn Sturgis» apareció en su sitio oficial en 2001, y «The Tale of Gray Dick» en la antología McSweeney's Mammoth Treasury of Thrilling Tales en 2003. Ambos se incorporaron en versiones revisadas a la novela final.
Lobos del Calla no es el mejor lugar para conocer a King ni para empezar la saga. Necesita los cuatro tomos anteriores, y funciona mejor cuando se lee seguido de Canción de Susannah, que recoge exactamente donde este corta. También gana mucho si ya leíste 'Salem's Lot: la historia de Callahan pasa de ser interesante a ser conmovedora cuando conocés su pasado completo.
Si llegaste hasta acá en la saga y sentís que el ritmo baja, es porque baja. King eligió frenar para construir una comunidad entera antes de destruirla, y esa decisión divide lectores. Pero lo que queda después de las 714 páginas no es la batalla: es la imagen de Roland Deschain sentado en una fogata, escuchando los problemas de gente que no tiene nada que ofrecerle, y decidiendo quedarse igual. Es el tomo donde el pistolero descubre que el camino hacia la Torre pasa por las personas, no por encima de ellas.
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