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«The man in black fled across the desert, and the gunslinger followed». El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba en pos de él. Es la primera línea de la novela y probablemente la más famosa que King escribió nunca: en catorce palabras hay una persecución, dos personajes y un paisaje, y no hay una sola explicación. Ese es exactamente el trato que propone el libro.
El pistolero es la puerta de entrada a la saga de la que cuelga medio universo de King, y es también el libro más difícil de recomendar que escribió. No porque sea malo, sino porque no se parece a nada de lo que trae a un lector nuevo hasta él.
No se escribió como novela. Son cinco relatos publicados entre 1978 y 1981 en The Magazine of Fantasy & Science Fiction —«The Gunslinger» en octubre de 1978, «The Way Station» en abril de 1980, «The Oracle and the Mountains» en febrero de 1981, «The Slow Mutants» en julio de 1981 y «The Gunslinger and the Dark Man» en noviembre de 1981— que recién en 1982 se juntaron en un tomo. Lo publicó Donald M. Grant en edición limitada, ilustrada por Michael Whelan.
Eso explica casi todo lo que desconcierta del libro. Los saltos entre capítulos, los cambios de tono, el modo en que un episodio entero puede pasar sin que avance la trama principal: son costuras de cinco piezas escritas a lo largo de tres años por un autor que todavía no sabía adónde iba. King tenía veintipico cuando empezó el primero.
Roland Deschain es el último pistolero de Mid-World, un mundo que se corrió de lugar y se está desarmando: el tiempo no funciona bien, las distancias tampoco, y quedan ruinas de una civilización que tuvo tecnología y caballería a la vez. Roland persigue al hombre de negro por un desierto interminable, y esa persecución es toda la trama: no hay subtramas, no hay un elenco que lo acompañe, no hay ciudad.
En el camino se cruza con un pueblo perdido, con una mujer que lo hospeda, y con Jake Chambers, un chico de Nueva York que aparece en una estación de tren abandonada sin entender cómo llegó ahí. Lo que Roland decide hacer con Jake es la escena que define el libro y al personaje, y no la voy a contar. Al fondo de todo está La Torre Oscura, que en este tomo es apenas una palabra que Roland repite.
La mayor virtud del libro es lo que se niega a hacer. King no pone un prólogo, ni un mapa, ni un personaje que le cuente al lector cómo funciona este mundo. Menciona lugares, guerras y nombres propios como si ya los conociéramos, y confía en que el lector aguante la incomodidad. Es un gesto de fantasía adulta —más cercano a un western de Leone o a la ciencia ficción de los setenta que al terror que King venía escribiendo— y a los cuarenta años sigue funcionando: la sensación de estar entrando tarde a una historia enorme es el efecto buscado, no un defecto.
Y está Roland, que es el personaje más difícil que King se animó a poner en el centro de una saga: un tipo sin encanto, sin chistes, capaz de una crueldad tranquila que la novela no disculpa. Lo que hace que funcione es que el libro no lo admira: cuando Roland hace lo peor que puede hacer, el texto no le busca justificación ni lo redime en el párrafo siguiente. Es una decisión de escritura que cuesta encontrar en la fantasía de esos años. Lo mismo con Gilead, el reino del que Roland viene, que acá se insinúa en dos o tres flashbacks y tarda cuatro tomos en tener carne.
Es árido, y no solo de paisaje. El libro pide una fe que todavía no se ganó: pide aceptar un mundo sin explicaciones, un protagonista sin simpatía y una trama que es literalmente caminar detrás de alguien. A quien viene de otras novelas de King —donde hay pueblo, coro de personajes y una voz narradora que te toma del brazo— este tomo lo deja a la intemperie, y esa es la razón por la que tanta gente abandona la saga acá. El promedio de Goodreads lo refleja: es el libro peor puntuado de los siete.
El otro problema es de arquitectura. Como fix-up de cinco relatos, tiene tramos que se sienten como ejercicios: el episodio del oráculo y el de los mutantes lentos podrían intercambiarse de orden sin que la novela lo note. Y el final no cierra nada; abre. Es coherente con la saga, pero como novela suelta deja al lector en un banco de la estación.
En 2003 King reescribió el libro de forma sustancial y le puso el subtítulo «Resumption». Esa es la versión que sigue en imprenta y la que casi seguro tenés en la mano: la edición española de Debolsillo es de 2010. La revisión limpia inconsistencias con los tomos que King escribió después y suaviza algunos tics del original de 1982.
Si es tu primera lectura, la de 2003 es la recomendable sin discusión: es más legible y encaja mejor con lo que viene. La de 1982 es más áspera y más rara, y tiene interés para quien ya conoce la saga y quiere ver el punto de partida antes de que el autor supiera qué estaba construyendo.
En 2017 Nikolaj Arcel dirigió una versión que intentó condensar los siete tomos en noventa y cinco minutos, con Idris Elba como Roland y Matthew McConaughey como el hombre de negro. El problema no es el reparto: es que la saga se apoya en la acumulación —cada tomo reescribe lo que creías del anterior— y eso no se puede resumir. Está en la ficha del libro junto al resto de las adaptaciones.
Los lectores de Goodreads le ponen 3,91 sobre 5 con más de 670.000 votos, que en la escala de diez de este sitio son 7,8. Se deja tal cual, y el número dice algo cierto: es el tomo más flojo de la saga y a la vez uno de los libros más influyentes que King escribió. Bajarlo por árido sería castigarlo por hacer a propósito lo que se propuso; subirlo sería fingir que no expulsa lectores.
Con el segundo, y sin dudarlo. La Torre Oscura II: La llegada de los tres es donde la saga se convierte en lo que la gente recuerda: aparece el grupo, aparece el humor, y el mundo de Roland empieza a tocarse con el nuestro. Mucha gente que abandonó en el primero vuelve por acá y se queda.
Si en cambio querés ver hasta dónde llegan los hilos, Randall Flagg conecta este mundo con Apocalipsis, y El talismán y It tocan el mismo tejido desde otros ángulos. La ficha completa de este tomo, con la sinopsis y los datos de edición, está en La Torre Oscura I: El pistolero.
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