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Doctor Sueño llegó treinta y seis años después de El resplandor y con una pregunta muy concreta encima: qué fue de aquel chico. Scribner la publicó el 24 de septiembre de 2013, con 531 páginas en la primera edición, y trepó al primer puesto de la lista de más vendidos de The New York Times en tapa dura, en edición impresa y en digital. Ganó el premio Bram Stoker a la mejor novela de 2013, entregado en mayo de 2014.
El dato más revelador del libro, sin embargo, no está en la solapa: la secuela pudo no existir. King la sometió a votación y ganó por cuarenta y nueve votos.
El 19 de noviembre de 2009, de gira promocional por La cúpula, King describió la idea en el Canon Theatre de Toronto, en una lectura moderada por el director David Cronenberg: la secuela seguiría a Danny Torrance ya cuarentón, viviendo en Nuevo Hampshire, trabajando de camillero en un hospicio y ayudando a morir a los enfermos terminales con la ayuda de sus poderes. Doce días después, el 1 de diciembre, publicó una encuesta en su sitio oficial para que los lectores eligieran qué escribía a continuación: esta novela o el siguiente libro de La Torre Oscura.
Lo planteó así en el foro de stephenking.com: «Mencioné dos proyectos posibles mientras estaba de gira, uno un nuevo libro de Mid-World […] y una secuela de El resplandor llamada Doctor Sleep. ¿Les interesa leer alguno de los dos? Y si es así, ¿cuál les mueve más el dial?». La votación cerró el 31 de diciembre de 2009 con 5.861 votos para Doctor Sleep contra 5.812 para El viento por la cerradura. King acabó escribiendo los dos, pero en ese orden.
El otro origen del libro es un gato. En una entrevista con Entertainment Weekly publicada el 1 de febrero de 2013, King contó que le impresionó el caso de Oscar, un gato de residencia geriátrica al que se le atribuye la capacidad de anticipar la muerte de los pacientes: «Pensé para mis adentros: “Quiero escribir un relato sobre eso”. Y entonces hice la conexión con Danny Torrance de adulto, trabajando en un hospicio. Pensé: “Ya está. Voy a escribir este libro”. El gato tenía que estar. A mí siempre me hacen falta dos cosas para arrancar. Es como si el gato fuera la transmisión y Danny el motor». En esa misma entrevista reveló que había contratado al investigador Rocky Wood para vigilar la continuidad entre las dos novelas.
Le costó cerrarla. Su web llegó a anunciar el 8 de mayo de 2012 una fecha de publicación —el 15 de enero de 2013— y a abrir las reservas; al día siguiente retiró las dos cosas porque King no estaba conforme con el borrador y consideraba que necesitaba mucha edición. La fecha definitiva no se anunció hasta el 18 de septiembre de 2012.
Arranca donde terminaba la anterior. Tras la indemnización de los dueños del hotel, Danny y su madre Wendy viven en Florida mientras ella se recupera de las heridas, pero los fantasmas del Overlook siguen buscándolo para consumir su don. Entre ellos la señora Massey, la mujer de la habitación 217 —217 en las novelas; el 237 es un cambio de Kubrick—. Dick Hallorann, el cocinero, le enseña a encerrarlos en cajas fuertes mentales.
De adulto, Dan hereda lo peor de su padre: la rabia y la bebida. Pasa años a la deriva por Estados Unidos hasta que recala en Frazier, un pueblo chico de Nuevo Hampshire, deja el alcohol, empieza a ir a Alcohólicos Anónimos y entra a trabajar en el hospicio local. El resplandor, que el alcohol le había apagado durante años, vuelve, y le sirve para acompañar a los que se están muriendo. Un gato llamado Azzie, que sabe quién se va esa noche, le pone al lado el apodo que da título al libro.
En paralelo crece Abra Stone, nacida en 2001 y con un resplandor más potente que el de Dan: sus poderes se manifiestan por primera vez cuando, siendo un bebé, parece anticipar los atentados del 11 de septiembre. Los dos van tejiendo un vínculo telepático. Y hay un tercer frente: el Verdadero Nudo, una tribu de nómadas casi inmortales que recorre el país alimentándose del «vapor», la esencia psíquica que suelta un chico con resplandor cuando lo torturan hasta matarlo. A los demás, a los que no brillan, los llaman «paletos». Su jefa es Rose the Hat, y cuando descubre a Abra no quiere matarla: quiere tenerla viva y ordeñarla indefinidamente.
Lo mejor de la novela no es el terror, es la sobriedad. Kathryn Schulz lo formuló en Vulture, el 15 de septiembre de 2013, mejor de lo que voy a poder yo: «Igual que El resplandor trataba en el fondo sobre la violencia familiar, Doctor Sleep trata en el fondo sobre el alcoholismo. King, él mismo un adicto en recuperación, es excelente con la adicción y sus disfunciones asociadas […]. Algunas de las mejores partes del libro se apoyan en la cultura de Alcohólicos Anónimos, que además le da a este libro su núcleo ético». Roger Luckhurst, en Los Angeles Review of Books del 1 de octubre de 2013, describió la mecánica del miedo del libro como la de un alcohólico en recuperación pensando en la bebida: escaramuzas, batallas menores, victorias y derrotas, pero ninguna guerra que termine.
Eso, y esto ya es lectura mía, es lo que le da sentido a la secuela. Volver al Overlook por nostalgia habría sido un souvenir. Lo que hace King es agarrar la herencia de Jack Torrance —no el hacha, sino la botella— y ponerla dentro del hijo, que la repite durante veinte años antes de poder pararla. El don deja de ser un poder y pasa a ser algo bastante más incómodo: una sensibilidad que hay que aprender a administrar sin anestesiarla. La idea de que el resplandor vuelve cuando deja de beber es, de lejos, la mejor decisión del libro. Hay más sobre esa veta en las adicciones en la obra de King.
El Verdadero Nudo también funciona, y por un motivo antipático: son turistas. Una secta de vampiros psíquicos que se mueve en autocaravanas, con nombres ridículos y problemas de caja, es una imagen mucho más inquietante que un monstruo con mayúsculas. Margaret Atwood, reseñándolo en The New York Times el 19 de septiembre de 2013, escribió que «la inventiva y el oficio de King no dan señales de aflojar» y que el libro «tiene todas las virtudes de sus mejores trabajos».
No da miedo, y conviene ir advertido. Steven Poole lo dijo en The Guardian el 25 de septiembre de 2013: la novela «no llega a entregar el buen susto de antaño», aunque compense esa falta de espanto bruto «con placeres más sutiles». Joshua Rothman, en The New Yorker del 11 de octubre de 2013, fue más lejos y la definió como algo que «se parece menos a una secuela y más a un spin-off»: divertida, desatada y rara. Las dos cosas me parecen ciertas, y la segunda explica por qué a mucha gente que adora el original este libro le resulta ajeno: no es la misma clase de novela.
El reproche que más me pesa es el de James Kidd en The Independent, el 6 de octubre de 2013. Después de describir el relato de redención por la sobriedad, el trabajo y la familia, y de señalar que tiene un significado personal profundo para King, añade: «Quizá demasiado personal». Ahí está el problema. La novela quiere tanto que Dan se salve que le allana el camino, y en el último tercio empieza a aparecer una maquinaria de casualidades y parentescos que resuelve conflictos en vez de complicarlos. Donde El resplandor era implacable con su protagonista, esta es indulgente con el suyo.
Y hay una decisión de trama que admiro y me desinfla a la vez: lo que empieza a matar al Verdadero Nudo no es un héroe, es el sarampión que se contagian de una de sus víctimas. Como idea es magnífica —los inmortales caen por una enfermedad infantil— y como amenaza es un desastre, porque el enemigo se va muriendo solo mientras el libro todavía necesita que dé miedo.
Si no leíste la novela, saltate los dos párrafos que siguen y la mitad del que viene después.
El giro central es de familia. Visitando a Concetta, la bisabuela de Abra, que se está muriendo de cáncer, Dan descubre telepáticamente que él y Lucy —la madre de Abra— son hermanos por parte de padre: los dos son hijos de Jack Torrance. Abra, entonces, es su sobrina. Cuando Concetta muere, Dan se lleva dentro su vapor enfermo, y ese es el arma con la que después envenena a lo que queda del Nudo.
El desenlace ocurre en el terreno donde estuvo el Overlook, en las Rocosas de Colorado, hoy un camping propiedad de la secta, y hasta ahí lo lleva Abra deliberadamente. Dan suelta el vapor contaminado, libera al fantasma de Horace Derwent para que se ocupe de la última emboscada, y entre él, su amigo Billy Freeman y el fantasma de Jack Torrance empujan a Rose desde una plataforma de observación. Antes de irse, Dan ve a su padre despedirse con la mano. En el epílogo cumple quince años de sobriedad y va al cumpleaños de quince de Abra, donde le explica los patrones de alcoholismo y violencia que corren por la familia y le pide que no los repita.
Mike Flanagan escribió, dirigió y montó la adaptación para Warner Bros. Se estrenó el 21 de octubre de 2019 en el Regency Village Theater de Los Ángeles, el 31 de octubre en el resto del mundo y el 8 de noviembre en Estados Unidos. Dura 152 minutos en salas y 180 en el montaje del director. Ewan McGregor hace de Dan, Rebecca Ferguson de Rose the Hat, Kyliegh Curran de Abra y Cliff Curtis de Billy Freeman. Costó entre 45 y 55 millones de dólares y recaudó 72,4 en todo el mundo: un fracaso comercial comparado con las otras dos adaptaciones de King de ese mismo año, It: Capítulo 2 y Cementerio de animales.
El detalle que la vuelve un caso raro es que adapta la novela y a la vez es secuela de la película de Kubrick de 1980, así que cambia el argumento para que las dos continuidades cierren. King rechazó de entrada la propuesta de Flanagan de recuperar el Overlook tal como se ve en Kubrick, y cambió de opinión cuando el director le contó una escena concreta del final dentro del hotel. Al leer el guion terminado le dijo a Entertainment Weekly —Clark Collis, 5 de noviembre de 2019— que «todo lo que alguna vez me disgustó de la versión de Kubrick de El resplandor queda redimido para mí acá». Viniendo de él, que lleva cuarenta años discutiendo esa película, es una frase enorme: está contada entera en por qué King odia el Resplandor de Kubrick. El resto de las versiones filmadas está en la sección de adaptaciones.
El orden obvio es leer primero El resplandor —hay reseña en el sitio—, aunque esta se sostiene sola. Si lo que te interesó fue el chico con poderes al que persigue una organización, la línea sigue en Ojos de fuego, con Charlie McGee, y llega hasta El Instituto, que es la misma idea treinta y siete años después y también está reseñado. Un mapa de toda esa familia de historias está en los poderes psíquicos en la obra de King.
Si en cambio lo que te ganó fue el King de la madurez escribiendo sobre morirse, la siguiente parada es Revival, del año siguiente, que hace la misma pregunta desde el otro lado y la contesta bastante peor para todos. La ficha completa de este libro, con la sinopsis y los datos de edición, está en Doctor Sueño.
Los lectores de Goodreads le ponen 4,13 sobre 5 con 307.314 votos, que en la escala de diez de este sitio son 8,3. Ese número es el ancla de la nota, y se deja tal cual: el consenso de tanta gente describe bastante bien lo que se argumenta acá arriba —una novela que se sostiene por el retrato de la sobriedad y no por el susto—, con reparos que pesan pero no la hunden.
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