Qué es el resplandor y los otros poderes psíquicos en la obra de Stephen King

Mucho antes de que los superhéroes dominaran la cultura pop, King ya llenaba sus libros de gente común con dones extraordinarios y peligrosos: telequinesis, precognición, telepatía, pirokinesis. El poder de la mente es uno de sus motivos más personales, y casi siempre termina en tragedia. Y qué es exactamente el resplandor, quién lo tiene y por qué el Nudo Verdadero lo caza.

La silueta de un niño con los ojos brillantes y una energía psíquica crepitante a su alrededor, con objetos levitando en una habitación oscura

Ilustración generada por IA

Mucho antes de que los superhéroes coparan el cine, Stephen King ya había construido su propio panteón de gente con poderes: no dioses ni millonarios con armaduras, sino chicos comunes, madres, maestros y presos a quienes la mente les jugó una carta imposible. La telequinesis, la precognición, la telepatía y el fuego mental atraviesan toda su obra. Pero en King el don nunca es un regalo limpio: es también una condena que aísla, corrompe o convierte a quien lo posee en un blanco.

«Todos brillamos»: el origen del resplandor

El caso más famoso es el de Danny Torrance en El resplandor (1977). Su capacidad para leer mentes, tener premoniciones y ver lo que otros no ven se llama en la novela «el resplandor», y Danny descubre que no es el único que lo tiene. El nombre no salió de la nada: King tomó el título de la canción «Instant Karma!» de John Lennon, y en particular del verso «We all shine on» («todos brillamos»). Ese mismo don es el que vuelve a Danny tan vulnerable ante los fantasmas del hotel Overlook.

Qué es el resplandor en Stephen King

Qué es el resplandor en Stephen King, dicho rápido: un don psíquico —leer mentes, tener premoniciones, percibir cosas que pasaron o que van a pasar— que tienen algunos personajes de El resplandor y de su secuela, Doctor Sueño (2013). Lo tiene Danny de chico, lo tiene el cocinero Dick Hallorann y, con más fuerza que nadie, Abra Stone, una nena cuyo resplandor termina siendo más poderoso que el del propio Dan.

Hallorann es la pieza que conecta el don con el resto de la obra. En El resplandor es el jefe de cocina del Overlook, tiene un don parecido al de Danny y es el primero en reconocerlo. Pero King ya lo había usado en otra novela: en It (1986), Hallorann es uno de los fundadores del Black Spot, un bar de Derry para soldados negros, y cuando el local se incendia, en 1930, usa su resplandor para encontrar sobrevivientes y rescatarlos. Uno de ellos es Will Hanlon, el padre de Mike, uno de los Perdedores.

En Doctor Sueño, el don se vuelve también una carga que hay que administrar. Hallorann le había enseñado a Danny a fabricar en su mente unas cajas fuertes donde encerrar a los fantasmas del Overlook. Ya adulto, Dan pasó años apagando el resplandor con alcohol, como su padre; cuando deja de beber y empieza a ir a Alcohólicos Anónimos, el don vuelve, y lo usa para acompañar a enfermos terminales en un hospicio, ayudado por un gato, Azzie, que presiente cuándo alguien va a morir. De ahí le viene el apodo que da título a la novela. Y aunque Hallorann murió en 1999, Dan todavía puede comunicarse con él.

La secuela agrega además el peligro más concreto: el Nudo Verdadero, la tribu que encabeza Rose the Hat, recorre Estados Unidos alimentándose del «vapor», una esencia psíquica que liberan las personas con el resplandor cuando mueren con dolor. Por eso Abra es una presa. Se puede leer así la idea de fondo de las dos novelas: el resplandor no es un superpoder sino una sensibilidad extrema, y en el mundo de King todo lo que es sensible atrae a algo que quiere comérselo. Quien quiera ver cómo termina esa historia en el libro y en la película tiene Doctor Sueño: libro vs. película, y para el primer libro, el final de El resplandor explicado.

El fuego de Carrie y de Charlie

Antes que Danny llegó Carrie White, en la novela que lanzó a King en 1974. Su telequinesis nace del trauma y la humillación, y funciona como una metáfora de la rabia reprimida que estalla en la noche del baile. Seis años después, Ojos de fuego (1980) llevó la idea más lejos con Charlie McGee, una niña capaz de encender fuegos con la mente. Su pirokinesis es producto del «Lote Seis», un experimento gubernamental que había dotado a sus padres, Andy y Vicky, de poderes de telequinesis, precognición y control mental. En ambos casos, el poder es una maldición que convierte a la niña en presa.

Ver el futuro: la maldición de Johnny Smith

En La zona muerta (1979), Johnny Smith despierta de un coma de años con la capacidad de ver el pasado y el futuro de las personas con solo tocarlas. King usa la precognición para plantear un dilema moral demoledor: si pudieras ver venir una catástrofe —o a un futuro tirano—, ¿qué harías con esa certeza? El don no salva a Johnny: lo aísla, lo enferma y lo empuja hacia una decisión que le costará todo. Es el poder psíquico convertido en tragedia ética.

Niños cobaya: el patrón del abuso

Hay un molde que King repite a lo largo de las décadas: la institución que caza y explota a los chicos con poderes. Está «La Tienda», la agencia secreta que persigue a Charlie en Ojos de fuego, y está el Instituto de su novela de 2019, donde niños con telequinesis y telepatía —como Luke Ellis— son secuestrados y experimentados. Los pequeños psíquicos de King casi nunca son amenazas: son víctimas de adultos que quieren convertirlos en armas. Detrás del terror hay una lectura política sobre el poder y quienes lo abusan.

Doctor Sueño y el relevo del don

El círculo se cierra en Doctor Sueño (2013). El Danny Torrance adulto, sobrio y curtido, se convierte en maestro de Abra Stone, una niña con un resplandor aún más poderoso que el suyo, para enfrentar al Nudo Verdadero, una tribu que se alimenta justamente de ese don. A lo largo de medio siglo, King vuelve una y otra vez a la misma intuición: la fuerza de la mente es un regalo y una herida al mismo tiempo, y quienes la cargan rara vez consiguen vivir en paz. En pleno auge de sus adaptaciones —de Doctor Sueño a El Instituto—, ese motivo sigue tan vivo como siempre.

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