Lectores Flotantes
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La botella y la máquina de escribir: las adicciones en la obra de Stephen King

Durante casi veinte años, King escribió algunos de sus libros más oscuros bajo el efecto del alcohol y las drogas. Él mismo admitió no recordar haber escrito Cujo. Sus adicciones no son un dato biográfico menor: son el motor oculto de varios de sus mejores libros.

Stephen King, retrato c. 1977 — el año en que publicó El Resplandor (foto: Alex Gotfryd, dominio público)

Hay una pregunta que los lectores de Stephen King se hacen pocas veces porque la respuesta incomoda: ¿cuántos de sus libros fueron escritos mientras estaba bajo la influencia del alcohol o las drogas? La respuesta, según el propio King, es muchos. Desde finales de los años setenta hasta 1987, año en que su familia organizó una intervención informal que marcó el principio de su recuperación, King combinó una productividad extraordinaria con un consumo de sustancias que él mismo describió, años después, como severo y casi permanente. Entender ese período es entender una parte fundamental de por qué sus libros son como son.

El Resplandor como confesión encubierta

El Resplandor, publicado en 1977, es probablemente el libro de King más cargado de autobiografía. Jack Torrance —el escritor alcoholizado que entra en el Overlook Hotel con su familia y pierde la razón— no es una creación abstracta del terror: es un retrato de los miedos más íntimos del propio King sobre lo que el alcohol le estaba haciendo. El padre violento, la dificultad de mantener la familia, la sensación de que el hotel (o la botella) te está corroyendo por dentro y al mismo tiempo liberando algo que no podrías controlar sin ella: todo eso tenía referentes reales.

Stanley Kubrick entendió la película de un modo diferente al libro, lo que generó una conocida fricción entre los dos. King siempre criticó la adaptación de 1980 porque, entre otras cosas, Kubrick eliminó la dimensión redentora de Jack Torrance: en la novela, en sus últimos momentos de lucidez, el amor de Jack por su hijo Danny consigue imponerse brevemente a la oscuridad del hotel. Kubrick lo convirtió en un villano unidimensional. Lo que Kubrick no pudo eliminar —porque era demasiado central— es la sensación de que la destrucción de Jack Torrance es al mismo tiempo una elección y una trampa.

Cujo y el agujero negro de la memoria

Cujo, publicado en 1981, ocupa un lugar especial en la obra de King: es el único libro que el propio autor reconoció no recordar haber escrito. En On Writing (2000), su libro de memorias y reflexiones sobre el oficio, King escribe con una honestidad sorprendente: 'No tengo ningún recuerdo de haber escrito la primera versión de Cujo. No me queda ninguna memoria de esos meses'. La novela, sobre un perro San Bernardo rabiosa que acorrala a una madre y su hijo en un Pinto averiado, tiene toda la concentración y la tensión de su mejor trabajo. Que haya salido de un período en el que King apenas era consciente de lo que hacía es uno de los datos más extraños de la historia literaria contemporánea.

Misery (1987) tiene una lectura habitual centrada en el terror de la fan obsesiva, Annie Wilkes, que secuestra al escritor Paul Sheldon. Pero King ha señalado en varias entrevistas que la novela tiene una dimensión metafórica adicional: Annie Wilkes es la cocaína, y Paul Sheldon atado en esa cama es el escritor que no puede parar de producir aunque sepa que le está destruyendo. La adicción también tiene la cara de una fuerza que te ama y al mismo tiempo te destruye, que te exige que sigas escribiendo y te rompe los tobillos si intentás escapar.

La intervención y On Writing

En 1987, Tabitha King —la esposa de Stephen— organizó lo que él describe como una intervención improvisada. Junto a algunos amigos cercanos, presentó ante King una bolsa con evidencia material de su consumo: colillas, latas vacías, restos de cocaína. King escribe que no tenía nada que decir. La recuperación fue larga y no exenta de recaídas, pero marcó el punto de inflexión. On Writing, publicado en 2000, es en parte el resultado de ese proceso: un libro que mezcla el manual de escritura con la autobiografía y que no evita ninguno de los hechos más incómodos.

El capítulo más citado de On Writing es aquel en que King compara escribir bajo los efectos del alcohol con conducir borracho: 'Si sos un escritor que escribe borracho', dice, 'hay buenas noticias: podés dejar de beber y seguir siendo escritor. Las malas noticias son que tenés que dejar de beber'. La sequedad de la frase esconde una verdad más compleja: King no sabe con certeza cuánto de lo que escribió en esos años habría sido diferente sobrio, pero sabe que sobrio puede al menos recordarlo.

Doctor Sleep y el regreso a Torrance

Doctor Sleep (2013), la secuela de El Resplandor, muestra a Danny Torrance de adulto convertido en alcohólico, replicando inconscientemente el patrón de su padre. Es un libro que King no podría haber escrito en los años ochenta, no por falta de habilidad sino porque la historia requería algo que él no tenía entonces: la perspectiva del otro lado. Danny tiene que encontrar la forma de dejar de beber, de entender que la oscuridad que hay en él no es el hotel ni la herencia de su padre sino algo que tiene que trabajar cada día. Es, en muchos sentidos, la novela que King le escribió a sí mismo cuarenta años después.