
Reseña de Revival, de Stephen King
«Revival»: la novela que empieza como una memoria de infancia y termina mirando al abismo
Revival se publicó el 11 de noviembre de 2014 por Scribner, tiene 405 páginas y cuenta la historia de una obsesión que dura toda una vida. No empieza como una novela de terror: empieza como una memoria de infancia en un pueblo de Maine, con un chico de seis años que conoce al nuevo pastor del pueblo y lo admira como se admira a cualquier adulto que parece tener todas las respuestas. Termina en un lugar donde no hay respuestas, solo una certeza que el lector preferiría no haber conocido.
Jamie Morton es ese chico. Charles Jacobs es el pastor. Cuando Jacobs llega a Harlow, Maine, con su esposa Patsy y su hijo Morrie, todo el pueblo lo quiere. Es joven, carismático, y tiene una afición que a los chicos del pueblo los fascina: la electricidad. King escribió en una entrevista con Rolling Stone que la novela estaba inspirada en The Great God Pan de Arthur Machen y en Frankenstein de Mary Shelley, y esa doble influencia se siente desde el primer experimento de Jacobs: cura la mudez de Conrad, el hermano de Jamie, con un cinturón eléctrico de baja tensión alrededor del cuello. Es un milagro pequeño, doméstico, que deja una pregunta sin responder: ¿fue ciencia o fue algo más?
Todo cambia cuando Patsy y Morrie mueren en un accidente de auto. Jacobs pierde la fe de un golpe y pronuncia un sermón de despedida que King estructura como una demolición: Dios no existe, o si existe es cruel, o si es cruel no merece adoración. El pueblo lo expulsa. Jamie queda devastado. Y a partir de ahí, la novela salta décadas.
La estructura: una vida entera contada como confesión
Lo más arriesgado de Revival es su forma. King no cuenta una historia con un arco dramático convencional: cuenta una vida. Jamie crece, forma una banda, toca en bares, se vuelve adicto a la heroína después de un accidente de moto, toca fondo en una feria estatal en Tulsa, y ahí se reencuentra con Jacobs. Pasan años. Se vuelven a cruzar. Pasan más años. Cada reencuentro deja una marca y un malestar creciente, como si entre los dos hubiera un hilo que ninguno puede cortar.
King narró en On Writing que a veces una novela se escribe sola cuando el personaje es lo bastante fuerte. Acá el personaje fuerte no es Jamie, que funciona más como testigo, sino Jacobs. Cada vez que reaparece ha cambiado: dejó de ser pastor, se convirtió en artista de feria que hace retratos con electricidad, después en predicador itinerante que cura enfermedades con las manos, después en un investigador obsesivo de lo que él llama la electricidad secreta. Lo que no cambia es la pregunta que lo mueve desde el sermón de despedida: ¿qué hay después de la muerte? Jacobs quiere saberlo, y está dispuesto a pagar cualquier precio por la respuesta.
Esta estructura de décadas es lo que separa a Revival de la mayoría de las novelas de King. No hay un enfrentamiento que se construya en días o semanas. La tensión se acumula a lo largo de una vida entera, y cuando llega el final, el lector lleva tanto tiempo con estos dos personajes que el golpe es personal.
Lo que funciona: el final más perturbador que escribió King
El último experimento de Jacobs es el corazón de la novela, y es una de las escenas más inquietantes de toda la obra de King. Jacobs canaliza una descarga masiva de electricidad secreta a través de una mujer moribunda llamada Mary Fay. La intención es revivirla el tiempo suficiente para que le cuente qué hay del otro lado. Funciona. Y lo que Jamie y Jacobs ven a través de ella destruye cualquier esperanza.
No hay cielo. No hay descanso. Lo que hay es el Null: una dimensión de caos donde las almas de los muertos son atormentadas por criaturas con forma de hormiga que sirven a entidades lovecraftianas. La más poderosa se llama Mother. Lo que Mary Fay describe, y lo que King describe a través de ella, tiene la textura del horror cósmico en su versión más pura: no es que haya un infierno al que van los malos, es que no hay nada bueno esperando a nadie. El terror no viene de un monstruo, viene de una certeza.
El artículo de este sitio sobre el final de Revival explicado desarma la mecánica del desenlace y su conexión con el horror cósmico de Lovecraft. Ahí se puede ver lo que pasa minuto a minuto en la escena final. Acá lo que importa es el efecto: King escribió decenas de finales, y este es el único que no ofrece ninguna salida. No hay heroísmo que lo redima, no hay sacrificio que lo compense. Jamie sobrevive, pero lo que vio no se puede desver. Toma antidepresivos, vive en Hawái, y sabe que algún día va a morir y va a terminar ahí.
Danielle Trussoni, en su reseña para The New York Times del 21 de noviembre de 2014, lo describió así: es puro Stephen King, un maestro narrador pasándola bien. Elizabeth Hand, en The Washington Post del 10 de noviembre del mismo año, destacó que la prosa contenida de King explota en un final que combina realismo contemporáneo con horror cósmico. Es una evaluación justa: la novela funciona mejor por cómo termina que por cómo transcurre.
Lo que no funciona: el tramo medio y el oficio de testigo
El problema de Revival está en el camino hacia ese final. Jamie Morton no es un protagonista: es un testigo. Sus adicciones, su carrera musical, sus relaciones rotas son contexto, no drama. King los narra con solvencia pero sin la intensidad que les dedica a los protagonistas activos de sus mejores libros. Comparado con Jack Torrance descomponiéndose en El resplandor o con Louis Creed convenciéndose paso a paso de que puede vencer a la muerte en Cementerio de animales, Jamie observa, espera y reacciona. Es un narrador confiable pero pasivo, y el segundo tercio del libro lo sufre.
Ben East, en su reseña para The Guardian del 16 de noviembre de 2014, apuntó a lo mismo: la novela tiene una de las mejores aperturas que King escribió, pero después del tramo de la infancia toma un giro hacia lo ridículo. Es un juicio severo, pero identifica el problema real: el paso de lo doméstico a lo cósmico no siempre es fluido. Las escenas de Jamie en la ruta con su banda, o buscando drogas en ferias estatales, son buena narrativa americana pero no construyen tensión. Son capítulos que el lector tolera porque confía en que King lo está llevando a algún lado. Y lo está llevando, pero el viaje es más largo de lo necesario.
Los efectos secundarios de las curaciones de Jacobs deberían ser el hilo de tensión del tramo medio, y funcionan a medias. Algunos curados se vuelven locos, otros se suicidan, otros desarrollan compulsiones violentas. Es material inquietante, pero King lo distribuye en elipsis y reportes en vez de dramatizarlo. El lector se entera de que Cathy Morse intentó robar unos aros y de que Hugh Yates tuvo una visión de hormigas gigantes, pero no lo ve pasar. Lo que Tasha Robinson escribió en The A.V. Club del 10 de noviembre de 2014 resume el efecto: casi toda la novela es una provocación calculada, un paseo largo hacia el horror eventual.
A quién le va a gustar y por dónde seguir
Revival es para un tipo particular de lector de King: el que soporta la espera. Si lo que buscás es acción sostenida, vas a sentir que el libro se demora. Si lo que te interesa es un horror que no depende de sustos sino de ideas, y estás dispuesto a que King te lleve por una vida entera antes de mostrarte lo que hay del otro lado, el final paga la inversión con creces. Es una de las novelas más irregulares de King, pero también una de las que más se quedan: el Null no se olvida.
La ficha completa del libro está en la página de Revival. Si el horror cósmico del final te interesó, la saga de La Torre Oscura expande ese universo de entidades que King fue construyendo a lo largo de cuarenta años. Si preferís quedarte en el terror que viene de una decisión humana y no de una entidad, Cementerio de animales trabaja el mismo tema — qué pasa cuando alguien cruza la línea de la muerte — con un resultado más compacto y más devastador. Y si te interesa saber qué dice King sobre la fe y sobre Dios en el resto de su obra, hay un artículo en este sitio sobre la religión y el fanatismo en King que cubre esa línea a lo largo de varias novelas.
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