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La Torre Oscura VII: La Torre Oscura es el séptimo y último volumen de La Torre Oscura, publicado el 21 de septiembre de 2004 —cumpleaños de King— por Donald M. Grant Publishers, con ilustraciones de Michael Whelan. Cierra una saga que el autor empezó a escribir en 1970, cuando tenía veintidós años y era estudiante en la Universidad de Maine, y que le llevó treinta y cuatro años terminar. Después de Canción de Susannah, que dejó tres líneas argumentales abiertas y al ka-tet dividido, este libro tiene que recoger todas las piezas y llevar a Roland Deschain hasta la puerta que lleva persiguiendo desde la primera línea de El pistolero.
El libro es largo —845 páginas en la edición de Grant— y denso. Pero lo que lo hace singular no es la extensión sino una decisión que King tomó a pocas páginas del final: le pidió al lector, explícitamente, que dejara de leer. Que aceptara que Susannah encontró su puerta, que Roland llegó al campo de rosas al pie de la Torre, y que la historia terminaba ahí. Que el final verdadero era esa imagen, no lo que venía después. Pocos escritores interrumpen su propia novela para decirte que lo que sigue puede arruinar lo que sentiste hasta ahora. King lo hizo, y tenía razones.
La primera mitad del libro resuelve lo que Canción de Susannah dejó en el aire. Jake y el Padre Callahan entran al Dixie Pig para rescatar a Susannah. Callahan muere en esa incursión, y Mordred nace. Después, el ka-tet se reúne y marcha hacia el Algul Siento —el Devar-Toi, el complejo donde los Rompedores usan sus poderes telepáticos para destruir los Haces que sostienen la Torre—. La batalla por liberar a los Rompedores es una de las mejores escenas de acción que King escribió para esta saga, pero cobra un precio devastador: Eddie Dean recibe un disparo mortal. En sus últimos momentos, Eddie llama «padre» a Roland. Es una de las muertes más duras de toda la serie, porque Eddie había pasado de ser un adicto a la heroína del Brooklyn de los años ochenta a ser el corazón moral del ka-tet.
La segunda gran pérdida llega cuando Roland y Jake viajan a Maine en 1999 para salvar la vida de Stephen King: en la cosmología de la saga, King es el autor cuya escritura sostiene la Torre, y su muerte dejaría la estructura indefensa. Jake empuja a King para sacarlo del camino de una furgoneta —el mismo accidente real que King sufrió el 19 de junio de 1999— y muere en el acto. Roland entierra al chico con sus propias manos. Ya había dejado morir a Jake una vez, al principio de El pistolero, eligiendo la Torre por encima del niño. Esta vez Jake se sacrifica por voluntad propia, y esa diferencia pesa más que cualquier otra escena del libro.
Con el ka-tet diezmado, Roland sigue hacia la Torre acompañado solo por Oy, el bumbbler que ha sido la mascota y el guardián del grupo desde Las tierras baldías. Mordred, el hijo de Roland y del Rey Carmesí, los acecha. Randall Flagg —el Hombre de Negro, Walter, Marten, el villano que ha cruzado toda la obra de King bajo distintos nombres— intenta manipular a Mordred y es asesinado por él sin esfuerzo: cuarenta años de antagonismo resueltos en una escena breve y anticlimática, que es exactamente el punto. Flagg siempre se creyó más importante de lo que era. Mordred ataca a Roland de noche, y Oy se interpone: el bumbbler muere defendiendo a su dinh, dándole a Roland los segundos que necesita para matar a Mordred.
Susannah se despide de Roland antes de que él llegue a la Torre. Encuentra una puerta que la lleva a un mundo donde Eddie y Jake están vivos —versiones alternativas de ellos, en otra Nueva York—, y elige cruzar. Roland la deja ir. Cuando finalmente llega al campo de rosas de Can'-Ka No Rey, está solo.
Roland sube la Torre. Cada piso le devuelve un recuerdo: su madre, Cuthbert, su padre, Jake, Eddie, Susan Delgado. La Torre es su vida entera, ordenada como un museo de todo lo que perdió. En la cima hay una puerta con su nombre. La abre. Y está otra vez en el desierto del Mohaine, persiguiendo al Hombre de Negro, con la primera línea de la saga repitiéndose como si nada hubiera pasado.
Roland está atrapado en un ciclo. Ha hecho este viaje antes, quizás muchas veces. No lo recuerda. Pero esta vez hay una diferencia: lleva consigo el Cuerno de Eld, el cuerno de su antepasado Arthur Eld que en esta iteración de la saga Roland abandonó en la batalla de Jericho Hill. La presencia del Cuerno sugiere que el ciclo no es exactamente igual cada vez, que algo cambia, que quizás en la próxima vuelta Roland tome decisiones distintas y encuentre algo diferente en la cima. O quizás no. King lo deja abierto.
Es un final que divide. Hay lectores que lo consideran una traición: treinta y cuatro años y cuatro mil páginas para descubrir que el viaje se repite. Y hay lectores que lo consideran el único final posible: Roland no persigue la Torre por heroísmo ni por deber; la persigue porque no sabe hacer otra cosa, porque la obsesión es lo que lo define, y un hombre definido por la búsqueda no puede terminar en ningún otro lugar que no sea el principio de la búsqueda. El Cuerno es la esperanza mínima que King le concede, pero también puede ser otra trampa del ka.
Las muertes de Eddie, Jake y Oy funcionan porque King se ganó el derecho a provocarlas. Estos personajes llevan miles de páginas de desarrollo. Eddie creció; Jake encontró al padre que no tenía; Oy aprendió a hablar, a querer, a pelear. Cuando mueren, el peso es real. No son muertes de efecto: son el precio del ka, y la saga venía avisando desde el primer tomo que el ka cobra caro.
La resolución de la línea de Flagg es el punto más débil para muchos lectores. El antagonista que cruzó Apocalipsis, Los ojos del dragón y seis tomos de esta saga muere en un párrafo, a manos de un personaje que apenas tiene desarrollo. Se puede leer como un error o como una declaración: Flagg nunca fue el verdadero enemigo de Roland; la Torre lo era, y Flagg era solo uno de los obstáculos del camino, menos importante de lo que él mismo creía. Pero incluso aceptando esa lectura, la ejecución se siente apresurada.
El tramo de la metaficción —King como personaje, el accidente como evento narrativo, la escritura como mecanismo cosmológico— es más convincente acá que en Canción de Susannah, porque ahora tiene consecuencias: Jake muere por eso. Lo que era una idea provocadora en el sexto tomo se convierte en un motor argumental real en el séptimo. No hace falta que te guste la idea para reconocer que King la lleva hasta el final sin hacer trampa.
Lo que no termina de funcionar es el ritmo. El libro tiene secciones que se estiran más de la cuenta —la estancia de Roland y Susannah en Fedic, algunas escenas con los Rompedores— y otras que resuelven demasiado rápido eventos que merecían más espacio. La muerte de Flagg es el ejemplo más visible, pero no el único: la derrota del Rey Carmesí, que queda atrapado en un balcón de la Torre gritando y tirando granadas de mano mientras Roland avanza, tiene algo de ridículo que no parece del todo intencional.
Este libro funciona mejor como cierre de saga que como novela individual. Gran parte de su impacto depende de haber recorrido los seis tomos anteriores y de haber pasado miles de páginas con estos personajes. Leído así, es un final honesto y valiente: King no inventó una resolución cómoda, no le dio a Roland una recompensa limpia, y dejó que la coherencia del mundo que construyó mandara sobre las expectativas del lector.
La película de 2017, protagonizada por Idris Elba como Roland y Matthew McConaughey como el Hombre de Negro, se presentó no como una adaptación directa sino como una continuación: un nuevo ciclo de Roland, esta vez con el Cuerno de Eld. La idea era interesante, pero la ejecución comprimió treinta y cuatro años de saga en 95 minutos y no funcionó.
Si terminaste la saga y querés seguir en el universo, El viento por la cerradura es una novela corta que King publicó en 2012 ambientada entre Mago y cristal y Lobos del Calla: es más liviana que los últimos tres tomos y tiene el tono de los cuentos dentro de los cuentos que King siempre supo hacer bien. También vale la pena leer Insomnia si no la leíste, porque es la novela que más directamente conecta con el Rey Carmesí y con el destino de la Torre fuera de la saga principal. Y el artículo sobre el final de La Torre Oscura de este sitio desglosa el desenlace escena por escena, incluido lo que significa el Cuerno y por qué la película de 2017 se planteó como secuela canónica de los libros.
King dijo alguna vez que la Torre Oscura era la obra de su vida. Se nota en el peso que tiene este cierre: no es perfecto, tiene costuras visibles y decisiones que se pueden discutir durante años, pero es genuino. Roland llega a donde tenía que llegar. Que lo que encuentra sea el desierto y no una respuesta es, se puede argumentar, la respuesta.
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