Dios, el diablo y el fanático: la religión en la obra de Stephen King
Se suele leer a King como un autor de terror puramente laico, pero la fe recorre su obra como un cable pelado. Sus libros están llenos de predicadores, fanáticos, diablos y creyentes desesperados. Y detrás está su propia contradicción: cree en Dios, pero desconfía —y hasta odia— de la religión organizada.

A Stephen King se lo suele encasillar como un autor de terror laico, de monstruos y sangre. Pero basta recorrer su obra para notar que la religión está por todas partes, y casi siempre como un cable pelado: peligrosa, ambigua, capaz de salvar o de destruir. Sus libros rebosan de predicadores, madres fanáticas, diablos disfrazados y creyentes al borde del abismo. Y en el centro de todo late su propia contradicción: King cree en Dios, pero desconfía profundamente de la religión organizada.
Las madres y profetas del fin del mundo
El rostro más inmediato del terror religioso en King es el fanático. Está Margaret White, la madre de Carrie, que tortura a su hija en nombre de Dios, convencida de que el pecado habita en su cuerpo: un monstruo hecho de dogma. Y está la señora Carmody de La niebla, la predicadora apocalíptica que, atrapada en un supermercado mientras las criaturas acechan afuera, arrastra a los sobrevivientes a exigir un sacrificio humano. Para King, muchas veces el verdadero horror no son las bestias de la niebla, sino la facilidad con que un grupo asustado sigue a un fanático.
El diablo con cuello de pastor
King ha sido explícito sobre su recelo hacia la religión organizada. Dijo alguna vez que apostaría a que, si uno desenmascara a Satán, «probablemente descubra que lleva un alzacuellos». Esa idea toma forma en figuras como Leland Gaunt, el diabólico comerciante de La tienda de los deseos malignos, que compra almas a cambio de los deseos de la gente, o en el eterno Hombre de Negro que recorre su multiverso como un tentador satánico. En King, el mal rara vez tiene cuernos: suele tener buenos modales y un discurso convincente.
Revival: cuando la fe se rompe
Su ajuste de cuentas más directo con la fe es Revival (2014). Charles Jacobs, un joven pastor, pierde a su esposa y a su hijo en un accidente atroz y pronuncia un sermón terrible en el que maldice a Dios y ridiculiza toda creencia. Convertido en curandero de feria, persigue durante décadas una misteriosa «electricidad secreta» con la que obra curaciones milagrosas y busca lo que hay más allá de la muerte. La novela, homenaje declarado a Frankenstein y a Lovecraft, cierra con una de las visiones del más allá más desoladoras que King haya escrito: no un cielo, sino puro horror cósmico.
Creer, a pesar de todo
Y sin embargo, King no es un simple provocador ateo. «Elijo creer que Dios existe», ha dicho, «pero tengo problemas con la manera en que la mayoría de las religiones organizadas lo presentan». Su obra también está llena de gracia: el sacrificio casi crístico de John Coffey en La milla verde, la batalla bíblica entre la Madre Abagail y Randall Flagg en Apocalipsis, la luz obstinada que Andy Dufresne lleva consigo a la cárcel de Shawshank. En el universo de King, Dios puede guardar silencio y las iglesias pueden estar corrompidas, pero la fe, la esperanza y la bondad nunca terminan de apagarse. Esa pelea entre la duda y la creencia es una de las corrientes más profundas de toda su obra.