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Insomnia es una novela de 787 páginas publicada el 10 de octubre de 1994 por Viking Press. Está ambientada en Derry, el mismo pueblo de Maine donde ocurren It y El cazador de sueños, y su protagonista es Ralph Roberts, un jubilado viudo de setenta años que deja de poder dormir. Lo que empieza como una consecuencia del duelo se convierte en una grieta en la realidad: Ralph empieza a ver auras alrededor de las personas y a tres criaturas diminutas y calvas que deciden cuándo alguien muere. Es una novela sobre la vejez, sobre la muerte y sobre el propósito, escrita a un ritmo que la mayoría de los lectores no le asocian a King. Fue nominada al premio Bram Stoker a la mejor novela de 1994.
Es también, y esto no es secundario, una de las piezas más importantes de la cosmología de La Torre Oscura. El Rey Carmesí aparece acá como amenaza concreta por primera vez, y un niño que Ralph salva al final del libro — Patrick Danville — resulta ser clave en el desenlace de La Torre Oscura VII. Quien lea la saga sin leer esta novela se va a encontrar con un personaje que aparece de la nada y resuelve un nudo central.
Después de la muerte de su esposa Carolyn, Ralph empieza a despertarse cada vez más temprano. Primero pierde media hora de sueño por noche, después una, después dos. El proceso es gradual y King lo narra con una lentitud deliberada que refleja la experiencia: el cuerpo que falla de a poco, los días que se estiran, la confusión entre vigilia y alucinación. Cuando Ralph ya duerme apenas una hora por noche, empieza a ver algo que no debería poder ver.
Las auras son lo primero. Cada persona emite un halo de color que refleja su estado de salud, su humor, su proximidad a la muerte. Después aparecen los doctores calvos: tres figuras diminutas, vestidas de blanco, que se llaman a sí mismas Cloto y Láquesis — como las Parcas griegas — y que se encargan de cortar el hilo de la vida cuando es el momento. El tercero, Átropos, es un renegado que mata fuera de turno, por placer, y que responde a una fuerza que ellos llaman el Azar.
Ralph descubre que no está solo: su amiga Lois Chasse también ve las auras. Los dos ancianos — él setenta, ella algo más — terminan enredados en un conflicto cósmico entre dos fuerzas llamadas el Propósito y el Azar. No son el bien y el mal, exactamente, sino algo más parecido al orden y al caos. Y por encima de las dos está el Rey Carmesí, una entidad que busca destruir el equilibrio del universo.
El conflicto concreto tiene una escala local. Ed Deepneau, un vecino de Ralph que antes era un buen tipo, ha sido manipulado por Átropos y por el Rey Carmesí hasta convertirlo en un fanático violento obsesionado con el aborto. Su plan es estrellar una avioneta cargada de explosivos C-4 contra el centro cívico de Derry durante una charla de la activista Susan Day. Pero el objetivo real no es Day: es Patrick Danville, un niño artista que está entre el público y que, según la profecía que manejan Cloto y Láquesis, algún día jugará un papel decisivo en la defensa de la Torre Oscura.
King escribió más de sesenta novelas, y en casi todas el protagonista tiene entre veinte y cincuenta años. Acá son dos jubilados. Ralph y Lois cargan con los achaques, las pérdidas y la lentitud de la vejez, y King no los disfraza de héroes de acción. Ralph se cansa, se confunde, necesita sentarse. Lois toma medicación que no puede dejar. Las peleas que tienen con lo sobrenatural los dejan agotados de un modo que un personaje joven podría absorber y seguir. Es un gesto poco frecuente en la literatura de género: dejar que los protagonistas sean frágiles de verdad, no frágiles como decorado.
Hay una línea sobre la vejez en esta novela que funciona como declaración de principios: King no presenta a sus ancianos como sabios ni como víctimas, sino como personas que todavía tienen capacidad de agencia pero que ya no dan nada por sentado. Ralph acepta el sacrificio que le piden los doctores calvos — ofrecer su vida a cambio de la de una niña — sin grandilocuencia, con la resignación de quien sabe que le queda poco y elige a qué destinarlo. Ese peso emocional es lo mejor del libro, y aparece en las últimas cien páginas con una claridad que el resto de la novela no siempre tiene.
La otra gran virtud es la conexión con la Torre Oscura. Para quien viene de El pistolero y el resto de la saga, esta novela expande el vocabulario cósmico de King de un modo que después se da por sentado: los niveles de la realidad como pisos de un rascacielos, el Rey Carmesí como amenaza que opera por encima de Randall Flagg, la idea de que la Torre puede verse desde cualquier nivel si uno sube lo suficiente. Leída sin esa conexión, la novela funciona como un relato fantástico autónomo. Leída con ella, es una pieza que encaja en un rompecabezas enorme y explica cosas que la saga principal menciona sin detallar. Más sobre esa arquitectura conectada en el universo conectado.
El problema más repetido entre los lectores de esta novela es la longitud. 787 páginas es mucho para una historia que, reducida a su esqueleto, es bastante lineal: un hombre deja de dormir, empieza a ver cosas, descubre una conspiración y la detiene. El segundo tercio del libro — donde Ralph y Lois investigan, discuten, se separan, se juntan, reciben explicaciones de los doctores calvos y las procesan — se extiende más de lo necesario. King siempre fue un escritor generoso con las páginas, pero acá la generosidad trabaja en contra de la tensión.
Ed Deepneau, que debería ser el antagonista humano, no tiene suficiente presencia. Aparece al principio como un vecino descompuesto y después desaparece durante cientos de páginas, sustituido por Átropos y por el Rey Carmesí como amenazas abstractas. Cuando vuelve, ya no es un personaje: es un instrumento. King demostró en otras novelas — Harold Lauder en Apocalipsis, Brady Hartsfield en la trilogía Hodges — que sabe escribir el descenso de una persona normal hacia la violencia con matices que dan miedo precisamente porque son creíbles. Acá esa oportunidad se pierde: Ed pasa de hombre roto a títere del mal cósmico sin que el lector vea la transición.
Y hay un problema de tono que recorre todo el libro. King oscila entre lo doméstico — los paseos de Ralph, sus charlas con los vecinos, los detalles de la vida de un viudo en un pueblo chico — y lo cósmico — el Propósito, el Azar, el Rey Carmesí, los niveles de la realidad —, y los dos registros no siempre conviven bien. Las mejores escenas son las que se quedan en uno solo: Ralph bajando una escalera con miedo a caerse, o la aparición de la Torre como visión. Las peores son las que intentan mezclar una charla de jubilados con una explicación metafísica.
Hay una paradoja con esta novela: es una de las menos leídas de King y una de las más importantes para su mitología. Patrick Danville, el niño que Ralph salva sacrificando su propia vida, reaparece en el último tomo de la saga de la Torre Oscura como la pieza que destraba el enfrentamiento final contra el Rey Carmesí. Sin Insomnia, ese momento no tiene contexto ni peso. La profecía que los doctores calvos le revelan a Ralph — que Patrick va a dibujar algo que cambie la realidad — es la semilla de uno de los giros más discutidos del final de la saga.
El Rey Carmesí también gana cuerpo acá. En la Torre Oscura se lo menciona, se lo teme, se lo ve de lejos. En esta novela se lo describe como una entidad que opera desde un nivel superior de la realidad y que se alimenta del caos, y por primera vez queda claro que su proyecto no es solo destruir la Torre sino gobernar lo que quede después. Esa caracterización — más compleja que la de un villano convencional — es la que sostiene los últimos tres tomos de la saga.
La novela se conecta también con It de un modo concreto. Derry es el mismo Derry, y King deja señales de que el pueblo sigue siendo un lugar donde las costuras entre niveles de la realidad son más finas que en cualquier otro sitio. Los eventos de Insomnia ocurren después de la destrucción de Pennywise, pero la oscuridad del pueblo no se fue: se reacomodó. Para quien leyó la reseña de It en este sitio, vale saber que Derry acá se siente igual de enfermo, solo que el síntoma cambió.
Esta no es una novela para todo el mundo. Si lo que buscás en King es tensión sostenida y escenas que no te dejen dormir, vas a encontrar un libro largo que tarda mucho en llegar al clímax. Si en cambio te interesa el King reflexivo — el que escribe sobre la vejez, la muerte y las decisiones que se toman cuando ya no queda mucho tiempo —, y sobre todo si estás metido en la saga de la Torre Oscura, este libro tiene un valor que no se reemplaza con un resumen.
La ficha completa, con la sinopsis y los datos de edición, está en la página del libro. Si querés seguir con los hilos que esta novela abre, el camino es la saga de la Torre Oscura desde El pistolero. Si lo que te interesó fue Derry como escenario, la siguiente parada es It. Y si querés ver dónde encaja esta novela en el mapa de conexiones entre libros, está en el universo conectado de King.
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