
Reseña de Quien pierde paga, de Stephen King
«Quien pierde paga»: los cuadernos que valen más que la vida del autor
Quien pierde paga es la segunda novela de la Trilogía Bill Hodges, publicada el 2 de junio de 2015 por Scribner en Estados Unidos y por Hodder & Stoughton en el Reino Unido. Tiene 434 páginas en la edición original. A diferencia de Mr. Mercedes, que era un thriller sobre un asesino en serie y un detective retirado, esta segunda entrega cambia de registro por completo: la primera mitad es una novela sobre un lector fanático, un escritor asesinado y unos cuadernos que valen más que el dinero que los acompañaba. Bill Hodges, Holly Gibney y Jerome Robinson no aparecen hasta bien entrada la segunda mitad, y cuando lo hacen, la novela ya tiene un motor propio que no los necesitaba.
Esa estructura es a la vez lo más arriesgado y lo más interesante del libro. King construye dos historias separadas por décadas y las hace converger en el último tercio con la precisión de un mecanismo de relojería. El problema es que la convergencia se nota: cuando Hodges entra en escena, el lector siente que la novela cambia de género, y el cambio no siempre es fluido. Janet Maslin lo señaló en su reseña para The New York Times del 31 de mayo de 2015: el libro funciona como un page-turner, pero se siente como un volumen intermedio.
Un fan que mata por los cuadernos, no por el dinero
En 1978, Morris Bellamy y dos cómplices entran a la casa de John Rothstein, un escritor recluso famoso por su trilogía de Jimmy Gold. King presenta a Rothstein como un amalgama de tres escritores reales — John Updike, Philip Roth y J. D. Salinger —, según lo identificó Alison Flood en The Guardian del 28 de mayo de 2015. Bellamy obliga a Rothstein a abrir la caja fuerte y encuentra dinero y cuadernos. Rothstein suplica que se lleven el dinero pero dejen los cuadernos. Bellamy lo mata, mata a sus cómplices y entierra todo en un baúl en el patio de la casa de su madre.
Lo que convierte a Bellamy en un villano distinto a los habituales de King es que su motivación no es sobrenatural, no es la codicia y no es la locura: es la lectura. Bellamy mató a Rothstein porque la trilogía de Jimmy Gold le cambió la vida y el último libro la traicionó. Gold, un rebelde que escupía al sistema, termina convertido en un publicista suburbano, y para Bellamy eso es un crimen imperdonable. Mató al autor por lo que le hizo a un personaje. Es la misma obsesión que lleva a Annie Wilkes a secuestrar a Paul Sheldon en Misery, pero invertida: Annie quiere que el escritor siga escribiendo lo que ella quiere; Bellamy quiere que el escritor pague por haber dejado de hacerlo.
King ha escrito muchas veces sobre la relación tóxica entre un autor y sus lectores — es uno de sus temas más personales, como documenta el artículo sobre los escritores en su obra —, pero en Quien pierde paga el ángulo es nuevo. No se trata de un fan que quiere controlar al artista: se trata de un fan que cree que la obra le pertenece más a él que a quien la escribió. Los cuadernos de Rothstein contienen novelas inéditas, y para Bellamy esos textos son suyos por derecho emocional. King declaró a Flood en The Guardian que el tema le interesaba como una variante oscura de la frase que un escritor oye todo el tiempo: los personajes son más reales para el lector que para el autor.
Pete Saubers y el hallazgo que define la novela
La segunda línea temporal arranca en 2010. Pete Saubers es un adolescente cuya familia fue víctima del atentado de Brady Hartsfield en la feria de empleo — el crimen que arrancó Mr. Mercedes. Su padre quedó discapacitado, la familia se mudó a la antigua casa de la madre de Bellamy y Pete encontró el baúl enterrado. El dinero lo salvó: durante años mandó sobres anónimos con quinientos dólares a sus padres, y la familia sobrevivió gracias a eso. Los cuadernos le dieron algo más. Pete se convirtió en lector de Rothstein, y los textos inéditos lo transformaron.
King hace con Pete lo que mejor sabe hacer: construir un personaje joven al que el lector le tiene cariño antes de meterlo en peligro. Pete no es un héroe ni un genio; es un chico que encontró algo que no le correspondía, lo usó bien y ahora tiene que pagar el precio. Cuando el dinero se acaba y Pete intenta vender los cuadernos, el único comprador disponible es Andy Halliday, un librero corrupto que fue amigo de Bellamy y que reconoce los cuadernos al instante. Y Bellamy acaba de salir de prisión después de treinta y cinco años, convencido de que alguien le robó su tesoro.
La trampa se cierra sin elementos fantásticos. Todo lo que pasa — el hallazgo, el chantaje de Halliday, la liberación de Bellamy, la convergencia en la casa de subastas — es mecánica de thriller policial, no de horror. King no necesita nada sobrenatural para generar tensión, y eso es un mérito que la primera novela de la trilogía ya había demostrado. La diferencia es que acá la tensión es más lenta y más emocional: el lector teme por Pete porque lo conoce, no porque haya un psicópata suelto con un coche.
El síndrome del tomo intermedio
El problema principal de Quien pierde paga es estructural. La historia de Morris Bellamy, Pete Saubers y los cuadernos de Rothstein funciona como una novela autónoma. No necesita a Hodges ni a Holly ni a Jerome para sostenerse. Y sin embargo, King tiene que meterlos porque esta es la segunda parte de una trilogía y la conexión con Mr. Mercedes es el vínculo que la justifica como serie.
El resultado es que Hodges y Holly entran en la novela como refuerzos en el tercer acto. Funcionan bien — la evolución de Holly como personaje empieza a despegar acá, y su relación con la hermana de Pete es el puente que conecta las dos tramas —, pero la costura se nota. Nick Romeo, en su reseña para The Boston Globe del 18 de junio de 2015, fue más directo: las reflexiones sobre el poder de la ficción parecen injertadas sobre la trama policial, no integradas en ella.
Alison Flood, en cambio, en su reseña para The Guardian del 15 de junio de 2015, encontró que la novela era una exploración fresca de uno de los temas favoritos de King: la relación entre un escritor y sus fans. Es un juicio más generoso pero no menos preciso: el tema es genuinamente rico, y lo que Bellamy siente por Rothstein es más interesante y más perturbador que lo que Hartsfield sentía por Hodges en el primer libro.
El otro lastre es el final, que no cierra: cierra un arco y abre otro. La escena final — Hodges visitando a Brady Hartsfield en el hospital, un cuadro que se cae solo, un grifo que se abre sin que nadie lo toque — es un trailer de Fin de guardia, no una conclusión. King lo planta con destreza, pero quien lea este libro esperando un desenlace autónomo se va a quedar con las manos vacías.
Qué hace bien y dónde se lee hoy
Lo que hace bien, lo hace muy bien. La primera mitad del libro — Bellamy, Rothstein, el asesinato, los cuadernos — es King en estado puro: un crimen violento con una motivación retorcida, contado con un ritmo seco que no se detiene a explicar más de lo necesario. Pete Saubers es uno de esos personajes jóvenes que King construye con una facilidad que parece injusta: en cincuenta páginas ya querés que le salga todo bien. Y la pregunta que el libro plantea — ¿a quién le pertenece una historia: al que la escribió o al que la leyó? — es de las que se quedan después de cerrar el libro.
Donde flaquea es en la unión de las piezas. La trilogía como formato le pide que conecte una historia cerrada con una saga abierta, y esa costura cruje. No se cae, pero cruje. Es una novela que habría sido más redonda si no tuviera que ser la segunda de tres.
Quien pierde paga se lee hoy como la mejor prueba de que King puede escribir policial puro sin apoyarse en lo sobrenatural — la serie de televisión Mr. Mercedes usó la trama de este libro para su tercera temporada, que se emitió por la Audience Network —, y como el laboratorio donde Holly Gibney empieza a convertirse en el personaje que dominaría la década siguiente de la obra de King. Quien haya leído Mr. Mercedes y quiera entender de dónde viene Holly, este es el eslabón que no se puede saltar.
La ficha completa del libro, con la sinopsis y los datos de edición, está en la página de Quien pierde paga. Para la reseña de la primera entrega de la trilogía, la reseña de Mr. Mercedes. Y para seguir la historia de Holly Gibney desde sus orígenes hasta sus novelas propias, el artículo Holly Gibney: la detective que se robó el universo de King.
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