La milla verde, ¿está basada en hechos reales? Qué contó King y qué tiene que ver George Stinney

No: Cold Mountain y John Coffey son invención de Stephen King. Lo que sí es real es el mundo de la silla eléctrica, y un caso que muchos asocian con la novela: el de George Stinney, ejecutado a los 14 años en 1944. Qué contó King sobre el origen del libro y por qué tanta gente cree que es una historia real.

Un pasillo carcelario de los años treinta con piso de linóleo verde y una silla de madera vacía al fondo

No: La milla verde no está basada en hechos reales. La prisión de Cold Mountain, el pabellón de los condenados y John Coffey son invenciones de Stephen King, y la novela —publicada en seis entregas entre marzo y agosto de 1996— es ficción de punta a punta, con un preso que cura enfermedades con las manos. Lo que sí tiene raíces reales es el escenario: la silla eléctrica y el corredor de la muerte de los años treinta. Y hay un caso histórico, el de George Stinney, que muchos lectores asocian con la historia de Coffey.

La confusión es entendible. La película de 1999 tiene un tono casi documental, la novela está contada por un anciano que recuerda lo que vivió y en internet circula con insistencia la idea de que King se inspiró en un caso concreto. Vale la pena separar lo que dijo King, lo que se dice de él y lo que la historia tiene de real.

Lo que contó King sobre el origen de la novela

Cuando salió la primera entrega, en marzo de 1996, The Boston Globe repasó en una nota de Michael Kenney la carta que King había escrito a sus lectores para presentar el experimento. Ahí King contaba de dónde venía todo, y no hay ningún caso real en el centro de esa explicación: hay una fascinación vieja y una imagen.

La fascinación es la silla eléctrica. King escribió que lo fascinaba «desde mi primera película de James Cagney», y que los primeros relatos sobre el corredor de la muerte que leyó, los de Twenty Thousand Years in Sing Sing, el libro del alcaide Lewis E. Lawes, le «encendieron el lado más oscuro» de la imaginación. Es decir: el germen de La milla verde está en el cine carcelario de Hollywood y en las memorias de un alcaide, no en un expediente judicial.

La imagen es la de un preso que hace magia. King describía la idea original como la de un condenado que aprendía trucos y cuyo último número, después de hacer desaparecer monedas, naranjas y manzanas, sería desaparecer él mismo antes de su ejecución. Esa idea fue cambiando por el camino hasta convertirse en Coffey, que no se escapa de nada pero hace algo todavía más imposible.

Faltaba la forma, y esa llegó de afuera. Según cuenta Wikipedia, Ralph Vicinanza, que manejaba los derechos de King en el extranjero, le hizo notar que Charles Dickens publicaba muchas de sus novelas por entregas. A King la idea le prendió por un recuerdo propio: en la misma carta contaba que de chico leía los seriales del Saturday Evening Post y que la propuesta le «encendió una chispa» en la imaginación. De ahí salieron las seis entregas mensuales, escritas mientras se iban publicando.

Las seis entregas salieron entre el 28 de marzo y el 29 de agosto de 1996, cada una con su propio título en inglés: The Two Dead Girls, The Mouse on the Mile, Coffey's Hands, The Bad Death of Eduard Delacroix, Night Journey y Coffey on the Mile. El libro en un solo volumen llegó recién el 5 de mayo de 1997. Basta leer esos títulos en fila para ver que la estructura es la de un folletín, con un gancho al final de cada parte, y no la de una crónica: ningún caso real viene ordenado así.

George Stinney: el caso que suele asociarse a John Coffey

El caso que aparece una y otra vez cuando alguien pregunta si La milla verde es real es el de George Stinney Jr., y no es un invento: es una de las historias más terribles de la justicia estadounidense del siglo XX. Stinney era un chico negro de catorce años de Carolina del Sur, acusado en 1944 de matar a dos nenas blancas, Betty June Binnicker, de once años, y Mary Emma Thames, de ocho.

Todo el proceso, incluida la selección del jurado, se hizo en un solo día, el 24 de abril de 1944, y el jurado lo declaró culpable después de deliberar menos de diez minutos. Lo ejecutaron en la silla eléctrica de la penitenciaría de Carolina del Sur el 16 de junio de 1944. Setenta años más tarde, el 16 de diciembre de 2014, la jueza Carmen Mullen anuló la condena.

Los paralelos con Coffey son evidentes: un hombre negro, acusado de matar a dos nenas blancas y ejecutado en la silla eléctrica siendo inocente. El artículo de Wikipedia en inglés sobre Stinney sostiene que la novela está «vagamente basada» en su historia. Pero conviene subrayar lo que ese artículo no hace: no cita ninguna declaración de King que lo confirme. Y las diferencias también pesan: Stinney tenía catorce años y era de Carolina del Sur; Coffey es un adulto enorme, y la historia transcurre en 1932, doce años antes del caso real.

Lo más justo es decirlo así: el caso Stinney es un paralelo histórico que ilumina la novela, y es razonable leerla a su luz. Presentarlo como la fuente confirmada de King, como hacen muchas notas que circulan en redes, es afirmar más de lo que se sabe.

Lo que sí es real en La milla verde

Que la historia sea inventada no quiere decir que el mundo donde transcurre lo sea. La silla eléctrica existió y se usó durante décadas en Estados Unidos; los pabellones de condenados a muerte también. El apodo del pabellón de la novela sale de un detalle tan concreto como el piso: lo llaman «la milla verde» por el color del linóleo del pasillo que los presos recorren hasta la silla. Y la crueldad burocrática que encarna Percy Wetmore, un guardia que está ahí por sus contactos políticos y que convierte una ejecución en una tortura, es ficción, pero describe algo que cualquiera reconoce.

Se puede leer también la novela como una historia sobre la culpa de una época: un sistema que ejecuta a un hombre negro sin preguntarse demasiado si es culpable, y unos guardias que lo saben y no pueden impedirlo. Esa lectura no necesita a Stinney para sostenerse, pero el caso Stinney demuestra que no hacía falta inventar nada para que fuera verosímil.

Por qué tanta gente cree que es una historia real

Buena parte de la respuesta está en la forma. La novela no la cuenta un narrador neutro sino Paul Edgecombe, el jefe de guardias, ya muy viejo, que escribe sus recuerdos décadas después. Ese marco de memoria personal —alguien que dice «yo estuve ahí»— es el mismo que usan los testimonios reales, y le da a la historia un peso de cosa vivida.

La película de Frank Darabont, estrenada en diciembre de 1999, refuerza esa sensación con su ritmo pausado y su ambientación cuidada. Pasa la historia de 1932 a 1935, por un motivo que contamos en La milla verde: libro vs. película, y la cuenta con una sobriedad que la acerca más al drama histórico que al fantástico. Si a eso se le suma que el caso Stinney existe y se parece, el resultado es casi inevitable: mucha gente sale convencida de haber visto una historia real.

No lo es, y eso no le quita nada. Lo que hace King en La milla verde es usar la ficción —y un milagro que ningún tribunal habría creído— para hablar de algo que sí pasó, muchas veces. Si te quedaste con ganas de saber qué nos pareció la novela, está la reseña de La milla verde.

Si llegaste hasta acá

Te va a gustar el resto del archivo. Un correo por semana con lo nuevo.

Sin spam. Te podés dar de baja cuando quieras.

Más artículos

Ver todos →
Un teléfono celular encendido en el suelo de una cabaña a oscuras, con nieve al otro lado de la ventana

El final de Cell explicado

Leer más →