La milla verde: libro vs. película
Darabont siguió la novela casi escena por escena, así que lo que importa son tres cambios: el formato por entregas del libro, el salto de 1932 a 1935 y un villano del presente que la película elimina.

Frank Darabont estrenó La milla verde en diciembre de 1999, tres años después de que Stephen King terminara de publicar la novela, y la siguió tan de cerca que la pregunta interesante no es qué cambió sino por qué cambió lo poco que cambió. Están todos los personajes, está la estructura entera y está el final. Las tres diferencias que importan no tocan la trama: son el formato en que se publicó el libro, el año en que transcurre y quién amenaza a Paul Edgecombe en las escenas del presente.
Van una por una, con lo que cada decisión le da y le quita a la historia.
La novela salió por entregas, y eso es lo primero que se pierde
Antes que una novela, La milla verde fue un experimento editorial. Signet la publicó en 1996 en seis cuadernillos baratos que salieron uno por mes: The Two Dead Girls el 28 de marzo, The Mouse on the Mile el 25 de abril, Coffey's Hands el 30 de mayo, The Bad Death of Eduard Delacroix el 27 de junio, Night Journey el 25 de julio y Coffey on the Mile el 29 de agosto. Rondaban las 66 páginas cada uno.
El formato no es una anécdota de coleccionista: le da forma al texto. Un cuadernillo de sesenta páginas que sale una vez al mes tiene que cerrar con algo que aguante cuatro semanas de espera, y hay que leer la novela entera para ver hasta qué punto está construida con esa obligación encima. Cada tramo levanta una pregunta y la contesta a destiempo, y el lector de 1996 vivía esos huecos en el calendario, no en la página.
Una película no puede hacer eso. Darabont tiene 189 minutos seguidos y un espectador que no se va a levantar entre acto y acto, así que los seis finales de entrega se disuelven dentro de un solo bloque. No es una traición: es que el recurso que sostenía la publicación no existe en una sala de cine. Lo que en el libro era suspenso administrado mes a mes, en la película es duración, y ahí está buena parte del motivo por el que dura más de tres horas.
1932 pasa a ser 1935 por una película de Fred Astaire
En la novela, Paul Edgecombe recuerda desde una residencia de ancianos lo que pasó en el pabellón de la muerte de Cold Mountain en 1932. En la película, esos mismos hechos transcurren en 1935. Son tres años que no cambian nada del argumento y, sin embargo, es la modificación más deliberada de toda la adaptación.
El motivo está a la vista en el propio film: en las escenas del presente, el Paul anciano ve Top Hat —la comedia musical con Fred Astaire y Ginger Rogers— y se quiebra con «Cheek to Cheek». Top Hat se estrenó en 1935. Si la historia siguiera ocurriendo en 1932, esa escena no podría existir, porque la película que la sostiene todavía no se había filmado. Darabont movió el calendario entero para poder poner ahí una canción.
El efecto secundario es la edad del narrador. En el libro, Paul tiene 104 años cuando cuenta todo esto; en la película, 108. Y cada versión ancla el presente en su propio presente: la novela narra desde 1996, el año en que se publicó, y la película desde 1999, el año en que se estrenó. Las dos quisieron que ese anciano imposible estuviera vivo el día en que el lector o el espectador se topaban con él.
El presente de la novela tiene un villano; el de la película, no
Esta es la diferencia que más se nota si venís del libro. En la novela, la residencia donde vive Paul tiene su propio antagonista: Brad Dolan, un empleado que lo hostiga con una crueldad mezquina y sin motivo. El propio Paul señala el parecido con Percy Wetmore, el celador que le hizo la vida imposible sesenta años antes, y a veces llega a confundirlos.
Dolan no aparece en la película. Y su ausencia le cambia el sentido al marco entero. En el libro, el presente no es un lugar seguro desde el que recordar: es otro pasillo con otro Percy caminándolo, y la vejez de Paul no lo protege de nada. La historia entonces no va sólo de lo que pasó en 1932, sino de que sigue pasando —de que el tipo con un poco de poder y ningunas ganas de usarlo bien es una constante, no un personaje.
Sin Dolan, el presente de la película queda como lo que parece: un epílogo elegíaco, un viejo contándole a una amiga la cosa más importante que le pasó. Es más limpio y más triste, y funciona muy bien en pantalla. Pero es una historia distinta, y conviene saberlo antes de decir que la adaptación es idéntica al libro.
Lo que la película tiene y el libro no puede tener
Lo obvio: una cara. John Coffey en la novela es una presencia descrita —el tamaño, el llanto permanente, el miedo a la oscuridad—, y en la película es Michael Clarke Duncan, que se llevó una nominación al Óscar como actor de reparto por ese papel. Es la clase de personaje que gana muchísimo cuando alguien lo interpreta en vez de contarlo, porque casi todo lo que Coffey no dice pasa a estar en la cara.
La película fue además un éxito grande: costó 60 millones de dólares y recaudó unos 287 millones en todo el mundo. Compitió en cuatro categorías de los Óscar —mejor película, actor de reparto para Duncan, guion adaptado para Darabont y sonido— y no ganó ninguna, que es una estadística bastante elocuente sobre qué clase de película es: la que todo el mundo respeta y nadie vota.
En el libro, en cambio, lo que no se puede replicar es la voz. Paul narra en primera persona, con las vueltas y las autocorrecciones de alguien que está escribiendo a mano en una galería, y esa voz es la que hace creíble lo increíble. La película tiene una voz en off, pero la usa poco; se apoya en las imágenes, que es lo que corresponde. Si querés ver cómo se comporta el mismo dilema en otra adaptación, está el caso de La niebla, donde el cambio es exactamente el contrario: ahí la película se aparta del libro justo al final y King celebró el resultado.
Entonces, ¿por cuál empezar?
Si no conocés ninguna de las dos, empezá por la novela, y no por fidelidad de fan: es que la película es tan buena resumiendo el libro que después de verla el libro pierde su mejor recurso, que es no saber a dónde va. Al revés no pasa. Leer primero y ver después funciona porque la película no viene a revelarte nada: viene a ponerle cara a algo que ya tenías armado en la cabeza.
Si sólo vas a hacer una de las dos cosas, hacé la película. Es de las adaptaciones de King que mejor envejecieron y no le pide al espectador ningún trabajo previo. Lo único que conviene saber es que la versión que vas a ver es un poco más amable que la escrita: sin Brad Dolan, el presente deja de ser una amenaza y pasa a ser una despedida.
Y si ya viste la película y venís por lo otro, están la reseña de la novela y el listado completo de adaptaciones de King al cine y la televisión, ordenado de la primera a la última.
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