King y el rock: una banda mala, tres radios y cuarenta años perdiendo plata
Integró una banda de novelistas que tocó durante veinte años, fue dueño de tres estaciones de radio en Maine que nunca dieron ganancias y le puso a una el nombre de una novela suya. La relación de Stephen King con la música no es un dato de color: es una parte de su vida que le costó dinero.

De todas las cosas que se saben sobre Stephen King, la que menos circula en español es que fue, durante veinte años, integrante de una banda de rock. Y que durante cuarenta fue dueño de estaciones de radio que nunca dieron ganancias. Ninguna de las dos cosas es una anécdota de suplemento dominical: las dos le costaron tiempo y plata, y las dos ayudan a entender de dónde salen algunos de sus personajes.
La peor banda de escritores del mundo
Los Rock Bottom Remainders se formaron en 1992 en Anaheim, California. La fundó Kathi Kamen Goldmark, música y promotora de libros, y la integraron —en distintos momentos— Dave Barry, Amy Tan, Ridley Pearson, Scott Turow, James McBride, Mitch Albom, Roy Blount Jr., Barbara Kingsolver, Robert Fulghum, Matt Groening, Greg Iles y Stephen King. Maya Angelou llegó a ser miembro honoraria. Es, probablemente, la mayor concentración de ejemplares vendidos por metro cuadrado de escenario en la historia de la música.
El chiste interno de la banda era su propia limitación. Dave Barry describió alguna vez su manera de tocar como el «Método del Rumor»: cada tanto corría entre los músicos el rumor alarmante de que podría haber habido un cambio de acorde. No eran buenos y lo sabían, y eso era exactamente el punto: tocaban a beneficio, para juntar fondos para causas literarias y vinculadas a la Primera Enmienda. Sus conciertos recaudaron más de tres millones de dólares.
La banda dejó de tocar en junio de 2012, después de que Goldmark muriera el 24 de mayo de ese año. El último show fue en la convención de la American Library Association, en Anaheim: la misma ciudad donde se habían formado veinte años antes.
Cuarenta años bancando una radio
La otra historia es más larga y más cara. En 1983, King se metió en el negocio de la radio comprando una emisora de Bangor a la que rebautizó WZON, en referencia directa a su novela de 1979 La zona muerta —The Dead Zone—. Con los años, su empresa ZONE Corporation terminó operando tres estaciones: WZON-AM, con formato retro; WZLO-FM, alternativa para adultos; y WKIT-FM, que llevaba como eslogan «Stephen King's Rock 'n' Roll Radio Station».
En diciembre de 2024 se anunció que las tres saldrían del aire el 31 de ese mes. El motivo lo dijo el propio King sin adornos: las emisoras venían perdiendo dinero desde hacía décadas, y él y Tabitha las habían sostenido igual. Lo que agregó al anunciar el cierre define bastante bien el asunto: «While radio across the country has been overtaken by giant corporate broadcasting groups, I've loved being a local, independent owner all these years» —mientras la radio en todo el país fue absorbida por gigantescos grupos corporativos, yo amé ser un dueño local e independiente todos estos años—. Ken Wood, el gerente general, lo puso en contexto: las estaciones independientes de dueño local solían ser la norma, y en Maine ya quedan poquísimas.
La historia tuvo un epílogo mejor que el previsto: WKIT no llegó a apagarse. Dos empresarios, Greg Hawes y Jeff Solari, la compraron y armaron el Rock Lobster Radio Group para seguir operándola. La radio de rock de King sigue al aire, aunque ya no sea de King.
Lo que la música dejó adentro de los libros
Con ese fondo, ciertos personajes se leen distinto. El caso más claro es Larry Underwood, uno de los protagonistas de Apocalipsis: un cantante y compositor joven, arrogante y hedonista, que justo cuando su primer single —«Baby, Can You Dig Your Man?»— empieza a pegar de verdad se encuentra con que el mundo se está muriendo de gripe. La canción no es un adorno: es lo que Larry pierde, y buena parte de su arco consiste en averiguar qué clase de persona es cuando ya no hay industria discográfica que lo sostenga.
Y está el detalle que conecta todo. La primera radio que King compró se llamó WZON por La zona muerta. Es decir: usó el título de una novela suya para bautizar una emisora que iba a perder plata durante cuarenta años. Se puede leer como el resumen más honesto de su relación con la música —no era un negocio ni una pose, era algo que quiso tener— y también como una imagen bastante precisa de cómo funciona su obra entera: los libros pagando las cuentas de todo lo demás.
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