«Rage»: el libro que Stephen King decidió dejar morir
Hay una novela de King que no se puede comprar nueva en ningún lado, y no es por un problema de derechos: la sacó él. Después de que apareciera una y otra vez en manos de adolescentes que atacaron sus escuelas, King le pidió a su editorial que la descatalogara. La historia de esa decisión, y de lo que escribió al respecto quince años después.

En una bibliografía tan enorme que ya cuesta contarla, hay exactamente un libro de Stephen King que no se puede comprar nuevo. No es por un pleito de derechos ni por una editorial que quebró. Está fuera de catálogo porque el autor lo pidió, y sigue estándolo porque el autor sostuvo la decisión durante casi treinta años. El libro se llama Rage.
Una novela escrita por un chico de secundaria
Rage se publicó el 13 de septiembre de 1977 en Signet Books, firmada por Richard Bachman: fue el primer libro que King sacó bajo ese seudónimo. El manuscrito era mucho más viejo que la fecha de publicación —King lo había empezado siendo estudiante, con el título Getting It On— y eso se nota en su carácter: poco más de doscientas páginas, sin una sola concesión.
La trama es sencilla y brutal. Charlie Decker, último año de una secundaria de Maine, es expulsado por golpear a su profesor de química. En una reunión sobre su suspensión saca una pistola del casillero, entra a su clase de álgebra y toma de rehenes a sus compañeros. Mata a dos docentes: quien da la clase de álgebra y quien intenta entrar desde historia. Lo que sigue son cuatro horas de negociación con la policía afuera y, adentro, algo mucho más incómodo: los chicos empiezan a identificarse con Charlie, y el secuestro se convierte en una sesión de terapia grupal improvisada donde todos cuentan lo que odian del lugar en el que están encerrados todos los días. Esa es la parte del libro que hace ruido, y es también la que lo condenó.
La lista que se fue haciendo larga
Entre 1988 y 1997, el libro apareció una y otra vez en las investigaciones de ataques y tomas de rehenes en escuelas de Estados Unidos. En 1988, en una secundaria de San Gabriel, California, un chico mantuvo a sesenta compañeros como rehenes durante media hora; un amigo declaró que había leído Rage muchas veces y que se identificaba profundamente con el libro. En 1989, en el condado de Jackson, Kentucky, un adolescente sostuvo un encierro de nueve horas: la policía encontró el libro en su habitación. En 1991 hubo otro caso de cuatro horas en Rapid City, Dakota del Sur, que terminó sin heridos. En 1993, en Grayson, Kentucky, un estudiante mató a una profesora de inglés y a un empleado de mantenimiento; había escrito un trabajo sobre Rage para la clase.
El que cerró la discusión fue el de diciembre de 1997 en Heath High School, en West Paducah, Kentucky. Michael Carneal disparó contra ocho compañeros que estaban en una reunión de oración y mató a tres. En su casillero había un ejemplar de Rage, dentro del volumen recopilatorio The Bachman Books.
«Con el caso Carneal me alcanzó»
King no esperó a que se lo pidieran. En una conferencia en la Vermont Library Conference, el 26 de mayo de 1999, lo explicó sin vueltas: «The Carneal incident was enough for me. I asked my publisher to take the damned thing out of print. They concurred» —con el caso Carneal me alcanzó; le pedí a mi editorial que sacara de circulación la maldita cosa, y estuvieron de acuerdo—. En el prólogo que escribió para Blaze en 2007, volvió sobre el tema con una sola línea, casi un epitafio: «Now out of print, and a good thing». Fuera de catálogo, y qué bueno.
Conviene subrayar lo raro del gesto. No hubo demanda, ni fallo judicial, ni campaña que lo obligara. Un autor con todo el poder de negociación del mundo decidió retirar de circulación un libro propio y aceptar que dejara de venderse, para siempre, en el mercado más grande de su carrera.
Lo que escribió quince años después
El 25 de enero de 2013, poco después del tiroteo en la escuela primaria Sandy Hook, King publicó Guns, un ensayo breve en formato electrónico por Philtrum Press, con la aclaración de que todas las ganancias irían a la Brady Campaign to Prevent Gun Violence. Ahí volvió sobre Rage, y lo que dijo es más matizado que lo que suele citarse.
Por un lado, rechazó la idea de que su novela hubiera fabricado asesinos: «My book did not break [these teenagers] or turn them into killers; they found something in my book that spoke to them, because they were already broken» —mi libro no los rompió ni los convirtió en asesinos; encontraron en él algo que les hablaba porque ya estaban rotos—. Por otro, no se escudó en eso: «Yet I did see Rage as a possible accelerant, which is why I pulled it from sale. You don't leave a can of gasoline where a boy with firebug tendencies can lay hands on it» —igual vi a Rage como un posible acelerante, y por eso lo saqué de la venta; uno no deja un bidón de nafta al alcance de un chico con tendencias piromaníacas—. Y resumió el criterio en una frase que no necesita nota al pie: «I pulled it because in my judgment it might be hurting people, and that made it the responsible thing to do» —lo retiré porque a mi juicio podía estar lastimando gente, y eso lo volvió lo responsable de hacer—.
En el mismo ensayo dejó caer una observación sobre sí mismo que da escalofríos: «I suppose if it had been written today, and some high school English teacher had seen it, he would have rushed the manuscript to the guidance counselor, and I would have found myself in therapy posthaste» —supongo que si se hubiera escrito hoy, y algún profesor de lengua lo hubiera visto, habría corrido con el manuscrito al gabinete psicopedagógico y yo habría terminado en terapia enseguida—.
El libro más caro de King
La ironía final es de manual. Sacar un libro de circulación no lo hace desaparecer: lo vuelve una reliquia. Según consignó Fox News, los ejemplares usados de Rage se venden hoy en Amazon entre 500 y 700 dólares, lo que convierte a la novela más incómoda de King en su objeto más codiciado por los coleccionistas.
Se puede discutir si la decisión fue correcta —hay quien sostiene que retirar un libro nunca lo es, y el argumento no es trivial—. Lo que no se puede discutir es que fue una decisión, tomada por un autor que en otros frentes defendió con uñas y dientes el derecho a escribir sobre lo que se le diera la gana, y que en este eligió otra cosa. Da la impresión de que la diferencia, para King, no estuvo en el contenido del libro sino en algo mucho más concreto: alguien lo había llevado en la mochila.
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