La Torre Oscura: libro vs. película

La película de 2017 comprimió más de 4.000 páginas en 95 minutos, eliminó a la mitad del ka-tet, reescribió la motivación de Roland y convirtió a Jake en el protagonista. Pero no es exactamente una adaptación: King y el director la presentaron como una secuela canónica, la última vuelta de Roland al ciclo con el Cuerno de Eld. En qué se diferencian la saga y la película, qué se perdió en el camino y por qué Flanagan quiere intentarlo de nuevo como serie.

Silueta de un pistolero solitario caminando por un desierto rojo hacia una torre oscura en el horizonte

La Torre Oscura: libro vs. película — ¿en qué se diferencia la película de 2017 de la saga de ocho novelas de Stephen King? La respuesta corta es: en casi todo. La película, dirigida por Nikolaj Arcel y estrenada en Estados Unidos el 4 de agosto de 2017, comprimió más de 4.000 páginas de narrativa en 95 minutos de metraje, eliminó a la mayor parte del ka-tet, reescribió la motivación de Roland Deschain y convirtió a Jake Chambers en el protagonista real. El resultado dividió al fandom: 16 % de aprobación en Rotten Tomatoes sobre 278 reseñas, 34 sobre 100 en Metacritic, y una recaudación mundial de 113,2 millones de dólares sobre un presupuesto de 66 millones que no alcanzó para lanzar la franquicia que Sony había planeado.

Pero la película no es exactamente una adaptación fallida de los libros. Es, según confirmaron el director y el propio King, una secuela canónica: la historia de la última vuelta de Roland al ciclo, la que empieza con el Cuerno de Eld en su alforja. Esa premisa, que sale del final de La Torre Oscura VII, es la clave para entender por qué la película se permite cambiar tanto. Y es, al mismo tiempo, lo que la dejó en tierra de nadie: demasiado distinta para los lectores, demasiado críptica para los que no habían leído nada.

Una secuela, no una adaptación: el Cuerno de Eld

En mayo de 2016, King publicó en redes una imagen con la frase «Last Time Around» sobre una fotografía del Cuerno de Eld. La referencia era al final de la saga: Roland llega a la cima de la Torre, abre una puerta con su nombre y es devuelto al desierto para repetir el viaje. Pero en la última línea del libro, King deja una diferencia: esta vez Roland tiene el Cuerno de Eld, el artefacto que había perdido en la batalla de Jericó Hill. Es un cambio mínimo que sugiere que este ciclo podría terminar distinto.

La película parte de ahí. No adapta el primer libro de la saga, El pistolero, publicado originalmente en 1982, ni ninguno de los otros siete: toma elementos del primero y del tercero, los mezcla con piezas sueltas del quinto y el séptimo, y cuenta una historia nueva. Arcel lo confirmó en entrevistas previas al estreno: la película es una continuación canónica que King había avalado.

En la práctica, eso significó que la película arrancó con Roland ya como el último pistolero, sin mostrar su formación, sin el ka-tet completo y sin la larga caminata por el desierto que abre la saga. El problema fue que la premisa de la secuela —que Roland está repitiendo un viaje que ya hizo— solo funciona si el espectador conoce el viaje original. Quien llegaba a la sala sin haber leído los libros veía una película de acción con un pistolero y un hechicero; quien los había leído veía una versión drásticamente simplificada de una historia que conocía de memoria.

Lo que la película descarta: Eddie, Susannah y la mitad de Mid-World

La saga de La Torre Oscura tiene cuatro personajes centrales además de Roland: Jake Chambers, Eddie Dean, Susannah Dean y Oy, el billy-bumbler. Juntos forman el ka-tet de Roland, el grupo atado por el destino que lo acompaña desde La llegada de los tres hasta el final. La película conserva a Jake, interpretado por Tom Taylor, y elimina al resto. No hay Eddie, no hay Susannah, no hay Oy. Roland viaja solo con un chico.

Esa decisión tiene consecuencias narrativas profundas. En los libros, la tensión central de Roland es el conflicto entre su obsesión por la Torre y su responsabilidad hacia las personas que lo acompañan. King lo escribió como un personaje que empieza dispuesto a sacrificar a cualquiera por su meta y que, a lo largo de siete tomos, aprende a no hacerlo — o no del todo. Sin Eddie, sin Susannah, sin los lazos del ka-tet, ese arco desaparece. El Roland de la película, interpretado por Idris Elba, tiene un solo vínculo emocional: Jake.

El otro gran ausente es Mid-World como mundo. En los libros, la saga recorre ciudades en ruinas, pueblos agrícolas amenazados por robots y lobos, desiertos infinitos, un tren monorriel suicida llamado Blaine y un campo de concentración psíquico llamado Algul Siento. La película muestra un paisaje postapocalíptico genérico, una aldea con una vidente y un portal interdimensional. Casi todo el viaje ocurre en el Nueva York del presente, que en los libros es uno de varios mundos pero nunca el escenario principal.

Walter, el villano simplificado

Randall Flagg — que en la saga aparece también como Walter Padick, Walter o'Dim, Marten Broadcloak y el Hombre de Negro — es el antagonista recurrente más importante del universo de King. Aparece en Apocalipsis como un profeta del caos, en Los ojos del dragón como un hechicero de corte y a lo largo de La Torre Oscura como la sombra que persigue a Roland desde su adolescencia. Es un personaje que actúa en múltiples planos temporales y dimensionales, al servicio del Rey Carmesí, y cuya muerte en el séptimo tomo es deliberadamente anticlimática: lo mata una criatura ajena, no Roland.

Matthew McConaughey lo interpretó en la película como un hechicero elegante que puede matar con una orden verbal. La actuación dividió a la crítica: Richard Roeper, en el Chicago Sun-Times, la llamó directamente mala; otros señalaron que McConaughey hacía lo que podía con un guion que le daba poco material. El Walter de la película quiere destruir la Torre para que el caos invada todas las realidades, lo que coincide en líneas generales con los libros. Pero su relación con Roland queda reducida a una venganza personal — Walter mató al padre de Roland —, y su muerte ocurre en un duelo final que en los libros nunca sucede. En la saga, Roland y Walter se enfrentan una vez en persona, al final de El pistolero, y no pelean: hablan toda la noche junto a una fogata.

Los niños con brillo: Breakers y la conexión con It

La película introduce un cambio significativo en los Breakers, los psíquicos que el hombre de negro usa para atacar los Haces que sostienen la Torre. En los libros, los Breakers son en su mayoría adultos que residen en Algul Siento, el campo de concentración que aparece en La Torre Oscura VII. Son manipulados para romper los Haces sin ser del todo conscientes del daño que causan. Ted Brautigan, personaje de Corazones en la Atlántida, es el más importante de ellos.

En la película, los Breakers son niños secuestrados cuyo poder psíquico se llama «brillo» (shine), la misma palabra que King usa en El resplandor para describir el don de Danny Torrance. Es una conexión que los libros de La Torre Oscura también hacen — el universo de King está interconectado y el propio King aparece como personaje en la saga —, pero la película la convierte en su eje narrativo: todo gira alrededor de que Jake tiene un brillo tan fuerte que puede destruir la Torre de un solo golpe. Ese mecanismo no existe en los libros. En la saga, los Haces se rompen por la acción sostenida de cientos de Breakers, no por un solo niño.

95 minutos para 4.000 páginas: el problema de la compresión

La película dura 95 minutos, la más corta de las adaptaciones mayores de King. La saga original tiene ocho novelas publicadas entre 1982 y 2012: El pistolero (1982), La llegada de los tres (1987), Las tierras baldías (1991), Mago y cristal (1997), Lobos del Calla (2003), Canción de Susannah (2004), La Torre Oscura (2004) y El viento por la cerradura (2012). King tardó treinta años en escribirlas.

El propio King señaló después del estreno que la compresión y la clasificación PG-13 fueron los dos problemas principales de la película. En una entrevista con Vulture en septiembre de 2017, dijo que el guionista Akiva Goldsman había hecho un buen trabajo tomando una parte central del libro, pero reconoció que comprimir todo en una película con clasificación para adolescentes no le hacía justicia a un material que es violento y oscuro. Ron Howard, productor del proyecto, fue más directo en 2019: admitió que la película se convirtió en una aventura juvenil con Jake como protagonista en vez de la historia de Roland, y que el error fue escuchar demasiado al mercado y no lo suficiente a lo que King estaba dando.

El proyecto había estado en desarrollo durante una década antes de llegar a la pantalla. J. J. Abrams tuvo los derechos entre 2007 y 2009; Ron Howard y Universal planearon una trilogía de películas alternada con series de televisión entre 2010 y 2015, con Javier Bardem y después Russell Crowe considerados para Roland; Universal canceló por presupuesto en 2011, Warner Bros. rechazó el proyecto en 2012 y finalmente Sony lo retomó en 2015 con Arcel como director. La historia del desarrollo es casi tan larga como la saga.

Lo que vino después: Flanagan y la esperanza de una serie

La película no tuvo secuela. Hubo planes para una serie de televisión en Amazon basada en Mago y cristal, con Sam Strike como Roland joven, pero Amazon descartó el piloto en enero de 2020. En diciembre de 2022, Mike Flanagan — el director que ya había adaptado El juego de Gerald, Doctor Sueño y Revival — anunció que había adquirido los derechos para desarrollar la saga como serie de televisión. Es el proyecto de adaptación de King más esperado que hay en desarrollo, y la lección de la película de 2017 está clara: La Torre Oscura necesita tiempo, no compresión.

King dijo en Entertainment Weekly, cuando Elba fue confirmado como Roland, que le encantaba la elección y que Elba era uno de los mejores actores en actividad. Sobre el personaje, añadió que para él Roland seguía siendo el mismo personaje de siempre, casi un personaje de Sergio Leone como el Hombre sin Nombre, y que podía ser blanco o negro sin que eso le importara. La actuación de Elba fue, de hecho, uno de los pocos aspectos que la crítica elogió de manera consistente. El problema nunca fue el reparto: fue intentar contar en hora y media lo que King necesitó treinta años para escribir.

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