El programa del dólar: los cuarenta años en que King regaló sus relatos
Durante más de cuatro décadas, cualquier estudiante de cine podía comprarle a Stephen King los derechos de un relato por un dólar. Salieron más de trescientos cortos, casi ninguno se puede ver, y de ahí salió el director que mejor lo adaptó. El programa cerró el 31 de diciembre de 2023.

Hay una decisión de Stephen King que explica más sobre su relación con el cine que cualquier declaración suya sobre Kubrick. Durante más de cuarenta años, cualquier estudiante de cine del mundo le podía escribir pidiéndole permiso para filmar uno de sus relatos, y él se lo daba. El precio era un dólar. Se lo llamó el programa Dollar Baby, y al cerrarse habían salido de ahí más de trescientos cortometrajes conocidos, según el recuento del Bangor Daily News.
Un dólar, un relato, ninguna promesa
Las condiciones eran precisas y no eran generosas en el sentido cómodo de la palabra. Se podían adaptar relatos, nunca novelas. La película no podía durar más de 45 minutos. No se podía comercializar bajo ninguna forma, y solo se permitía exhibirla en festivales, escuelas y proyecciones privadas: nada de YouTube, nada de Vimeo. King retenía todos los derechos; lo que cedía era un permiso puntual, por una vez, para una adaptación no comercial. Y pedía algo a cambio del dólar: que le mandaran una copia de la película terminada.
El sistema arrancó a fines de los años setenta, como respuesta práctica a un problema que King empezaba a tener: le llegaban cartas de aspirantes a director pidiéndole permiso para filmar sus cuentos, y contestarlas una por una era imposible. En vez de armar un mecanismo legal disuasorio —lo que habría hecho cualquier autor con abogados—, armó un mecanismo de puerta abierta con un precio simbólico.
El pibe que escribió una carta en 1980
En 1980, un desconocido llamado Frank Darabont le escribió a King pidiéndole los derechos de «The Woman in the Room», un relato de Night Shift (1978) sobre un hijo que decide terminar con el sufrimiento de su madre enferma. King dijo que sí, porque le parecía buena idea que los estudiantes adaptaran relatos. Darabont filmó el corto en 1983, con fotografía de Juan Ruiz Anchia —el mismo que después iluminaría Glengarry Glen Ross— y el resultado llegó a la lista de semifinalistas para consideración del Oscar de ese año. El propio Darabont, según ha contado, nunca quedó del todo conforme con cómo le salió.
Lo que sí le salió fue lo otro: King quedó lo bastante impresionado como para darle después, con un apretón de manos, los derechos de «Rita Hayworth y la redención de Shawshank», una de las novelas cortas de Different Seasons. Darabont los compró por cinco mil dólares. King nunca cobró el cheque. Años más tarde, cuando la película ya era la película que es, lo hizo enmarcar y se lo mandó de vuelta a Darabont con una nota: «In case you ever need bail money. Love, Steve» —por si alguna vez necesitás plata para la fianza—. La anécdota viene de un perfil del Wall Street Journal, que retomó Consequence en 2018.
De aquel permiso de un dólar salió, en línea recta, el director de Sueño de fuga (The Shawshank Redemption), La milla verde y La niebla: las tres, adaptaciones de King. Es difícil pensar en otro programa de cesión de derechos que haya rendido tanto por tan poco.
Trescientos cortos que casi nadie puede ver
El primer Dollar Baby, según el Bangor Daily News, fue «The Boogeyman» (1982), de Jeffrey C. Schiro, que era de Bangor. Después vino de todo: «Disciples of the Crow» (1983), de John Woodward, sobre «Children of the Corn»; «The Sun Dog» (1993), de Matt Flesher; «Paranoid: A Chant» (2002), de Jay Holben; «Night Surf» (2002), de Peter Sullivan; «Everything's Eventual» (2009), de J.P. Scott; «I Am the Doorway» (2015), de Matthew Rowney.
Acá aparece la paradoja del programa, y es una paradoja hermosa. La misma cláusula que lo hacía posible —nada comercial, nada online— es la que volvió invisible a casi todo su catálogo. Trescientas películas hechas con permiso explícito del autor más adaptado del mundo, y la mayoría solo se pudo ver en un festival, en un aula o en el living de alguien. Se puede leer como la contracara exacta de la industria: durante cuarenta años, en paralelo a las superproducciones, existió un circuito de cine de King que no generaba un peso para nadie y que existía únicamente porque a alguien le importaba filmarlo.
Por qué se terminó
El final no tuvo nada de dramático. El 5 de diciembre de 2023, King anunció en sus redes que el programa cerraba, y el motivo era administrativo: «Margaret, the Mistress of Dollar Babies, is retiring» —Margaret, la señora de los Dollar Babies, se jubila—. Margaret Morehouse era quien gestionaba las solicitudes, y con su retiro se cerró la ventanilla. El sitio oficial fijó la fecha: 31 de diciembre de 2023. Los contratos firmados y devueltos antes de esa fecha se respetaron y siguieron vigentes durante un año; después de ahí, no hubo prórrogas ni solicitudes nuevas.
Da la impresión de que se cerró algo más grande que un trámite. Un autor de la escala de King no necesitaba mantener durante cuarenta años un canal por el que su obra circulaba gratis entre gente sin currículum; lo mantuvo igual. Para cualquiera que hoy tenga veinte años y una cámara, esa puerta ya no está. Queda el registro de que estuvo abierta, y queda Shawshank, que es la prueba de lo que puede pasar cuando alguien la cruza.
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