Cementerio de animales: libro vs. película
En la novela de King, Gage muere y lo que vuelve mata a Jud y a Rachel con un bisturí; en la película de 1989, King escribió el guion y le añadió un final más gráfico; en la de 2019, cambiaron a Gage por Ellie y la familia entera termina muerta. Tres versiones de la misma historia, con tres finales distintos y una pregunta que las une: ¿qué haría un padre que pudiera traer a su hijo de vuelta?

Cementerio de animales: libro vs. película — ¿en qué se diferencian? La novela de Stephen King, publicada el 14 de noviembre de 1983 por Doubleday, cuenta la historia de una familia que entierra a sus muertos en un cementerio indígena de Maine y descubre que lo que vuelve no es lo que se fue. Hay dos adaptaciones al cine: la de Mary Lambert (1989), con guion del propio King, y la de Kevin Kölsch y Dennis Widmyer (2019), con guion de Jeff Buhler. Las tres versiones comparten el mismo esqueleto argumental —un padre desesperado que desafía a la muerte y pierde—, pero difieren en quién muere, cómo termina la historia y cuánto de lo sobrenatural se muestra. Esto es lo que cambia en cada una.
La novela: el libro que King no quería publicar
King escribió Pet Sematary en 1979, cuando era escritor residente en la Universidad de Maine. La casa que alquilaba con su familia en Orrington estaba junto a una carretera por la que pasaban camiones a toda velocidad. El gato de su hija murió atropellado en esa ruta. Pocos días después, su hijo Owen de dos años estuvo a punto de salir corriendo hacia la misma carretera, y King lo atrapó justo a tiempo. De ese cruce de hechos salió la novela: ¿qué pasaría si un padre perdiera a su hijo en esa ruta y tuviera la posibilidad de traerlo de vuelta?
La historia transcurre en Ludlow, Maine. Louis Creed, médico de Chicago, se muda con su mujer Rachel, sus hijos Ellie y Gage, y el gato Church. Su vecino Jud Crandall los lleva a recorrer un sendero que desemboca en un cementerio de mascotas mantenido por los chicos del pueblo, el Pet Sematary. Más allá, escondido detrás de una barrera de árboles caídos, hay un antiguo cementerio indígena mi'kmaq con el poder de devolver a los muertos.
Cuando Church muere atropellado, Jud lleva a Louis al cementerio mi'kmaq y le enseña a enterrar al gato. Church vuelve, pero cambiado: huele mal, caza con crueldad, y la hija que lo adoraba ya no lo quiere cerca. Meses después, Gage —de dos años— muere bajo las ruedas de un camión en la misma carretera. A pesar de las advertencias de Jud y del fantasma de Victor Pascow, un estudiante que murió en los brazos de Louis el primer día de trabajo, Louis exhuma el cuerpo de su hijo y lo entierra en el cementerio. Lo que vuelve mata primero a Jud con un bisturí, después a Rachel cuando llega a casa. Louis inyecta morfina a Church y a Gage, quema la casa de Jud y lleva el cuerpo de Rachel al cementerio, convencido de que esta vez será diferente. La última escena de la novela es Rachel resucitada entrando a la habitación donde Louis juega al solitario: le pone una mano fría en el hombro. King no dice qué pasa después. No hace falta. Quien quiera ver qué pasa exactamente en las últimas páginas puede leer el final de Cementerio de animales explicado.
King ha dicho que de todas las novelas que escribió, Pet Sematary es la que más lo asustó. Terminó el primer borrador en mayo de 1979 y lo guardó: no quería publicarlo. Fue su mujer Tabitha quien lo convenció de que era demasiado bueno para dejarlo en un cajón. Cuando finalmente se publicó en noviembre de 1983, era ya una de las novelas más oscuras de su carrera —y lo sigue siendo—. La reseña de Cementerio de animales del sitio profundiza en la experiencia de lectura.
La película de 1989: King escribe el guion y pone las reglas
Los derechos de la novela se vendieron en 1984 a George A. Romero por diez mil dólares, pero Romero tuvo que abandonar el proyecto por estar ocupado con Monkey Shines. Paramount tomó el relevo durante la huelga de guionistas de 1988: el guion de King estaba terminado y listo para filmarse, lo que resultaba una ventaja logística en un año de escasez de producciones. Mary Lambert dirigió. King estipuló que la película se rodara en Maine, donde transcurre la historia, y él mismo escribió el guion y tuvo un cameo como ministro religioso.
El reparto incluye a Dale Midkiff como Louis, Fred Gwynne como Jud, Denise Crosby como Rachel y Miko Hughes —que tenía dos años— como Gage. Una decisión que se volvió célebre fue la de Zelda Goldman, la hermana de Rachel que murió de meningitis espinal: Lambert eligió al actor Andrew Hubatsek, un hombre adulto, para el papel de una adolescente deformada por la enfermedad. El efecto es deliberadamente perturbador y se convirtió en una de las imágenes más recordadas de la película.
La película sigue la novela con bastante fidelidad en la trama principal. Gage muere, es enterrado y vuelve como un asesino. Las diferencias están en los detalles y sobre todo en el final. En la novela, la escena final es contenida: Rachel resucitada pone la mano en el hombro de Louis y el lector imagina el resto. En la versión original del montaje de Lambert, la escena era parecida: Rachel entraba a la cocina donde Louis jugaba al solitario y se acercaba por detrás. Lambert la describió como el final más triste de la película. Pero Paramount lo consideró demasiado tibio y pidió un rodaje adicional: en la versión estrenada, Rachel aparece con efectos protésicos mucho más grotescos, abraza a Louis y la pantalla se corta a negro mientras se oye un grito. La implicación es clara: Rachel lo mata.
La película costó 11,5 millones de dólares y recaudó 57,5 millones en Estados Unidos. La recepción crítica fue mixta: Metacritic le da un 38 sobre 100 y Rotten Tomatoes un 55% de aprobación. Variety la llamó «schlock de no muertos rebajado por mentalidad de slasher». Vincent Canby, en el New York Times del 22 de abril de 1989, escribió que tenía momentos macabros efectivos pero que fallaba porque no confiaba en el público para hacer parte del trabajo. Los Ramones grabaron la canción Pet Sematary para los créditos finales, que se convirtió en uno de sus mayores éxitos en el chart de Modern Rock.
La película de 2019: el cambio que lo redefine todo
Treinta años después, Paramount volvió a adaptar la novela con un enfoque distinto. Kevin Kölsch y Dennis Widmyer dirigieron a partir de un guion de Jeff Buhler. El reparto trajo a Jason Clarke como Louis, Amy Seimetz como Rachel, John Lithgow como Jud y Jeté Laurence como Ellie. La película se estrenó en el South by Southwest el 16 de marzo de 2019 y llegó a salas el 5 de abril.
El cambio central es quién muere bajo las ruedas del camión. En la novela y en la película de 1989, es Gage, el hijo de dos años. En la versión de 2019, es Ellie, la hija mayor. Los directores explicaron la decisión en términos narrativos: una niña de ocho años puede hablar, razonar y manipular después de resucitar, lo que abre posibilidades dramáticas que un bebé no tiene. El Gage resucitado de la novela y de 1989 funciona como un monstruo puro —un nene con un bisturí—; la Ellie resucitada de 2019 funciona como una persona rota que todavía recuerda quién era y sufre por lo que se convirtió. La escena en que Ellie le pregunta a Louis qué le pasa es más inquietante que cualquier aparición de Gage, porque la niña entiende que algo está mal.
La otra diferencia importante es el final. En la novela, Louis entierra a Rachel y se sienta a esperar. En la película de 1989, Rachel vuelve y lo mata. En la de 2019, la escalada es mucho mayor: Ellie resucitada mata a Jud cortándole el tendón de Aquiles con un bisturí, después apuñala a Rachel. Louis intenta decapitar a Ellie pero Rachel resucitada lo apuñala por la espalda. Louis muere y es enterrado. En la escena final, la familia entera —Louis, Rachel, Ellie y el gato Church— camina hacia el coche donde Gage, el único vivo, está encerrado. Se escucha el clic del seguro abriéndose. Es un final sin precedentes en las adaptaciones de King: no queda nadie del lado de los vivos.
La película también hace explícito lo que en la novela queda ambiguo. El poder del cementerio se atribuye a un wendigo, una criatura de la mitología algonquina que la novela menciona de pasada y la película de 1989 casi no toca. En la versión de 2019, el wendigo aparece como una presencia visible que observa a Louis mientras entierra a Ellie. La decisión le quita misterio al mal pero le da una mitología concreta que la película de Lambert nunca exploró.
Zelda Goldman: el terror que las tres versiones comparten
Si hay algo que une a las tres versiones es Zelda, la hermana de Rachel que murió de meningitis espinal cuando ambas eran niñas. En la novela, el recuerdo de Zelda es la razón por la que Rachel no puede hablar de la muerte: vio a su hermana deformarse y morir a los diez años, y eso la marcó de por vida. En la película de 1989, Lambert convirtió a Zelda en la escena más aterradora del film usando a un actor masculino para el papel. En la de 2019, Zelda es interpretada por Alyssa Brooke Levine y su presencia está atada a los flashbacks de Rachel: aparece como una aparición que la persigue hasta Ludlow, y en una escena clave Rachel cree estar viendo a Zelda cuando en realidad está viendo a Ellie resucitada. Las tres versiones entienden que Zelda es la razón por la que Rachel llega tarde a salvar a su familia, y las tres la usan para eso.
Qué versión elegir según qué se busca
La novela es la más completa y la más cruel. Tiene la voz interna de los personajes, la lentitud deliberada del asedio —los capítulos del entierro nocturno son algunos de los más tensos que King ha escrito— y un final que no ofrece ninguna salida. Quien la lea por primera vez puede empezar por la ficha del libro del sitio, que trae sinopsis, personajes y conexiones con el resto de la obra de King.
La película de 1989 es la más fiel y la que mejor captura el tono de pueblo chico de Maine. Fred Gwynne como Jud Crandall es uno de los mejores castings de la historia de las adaptaciones de King: su voz grave diciendo «sometimes, dead is better» se convirtió en una de las frases más citadas del terror de los ochenta. La película falla donde fallaban casi todas las adaptaciones de King de la época —en los efectos especiales, en un tercer acto algo apresurado—, pero Gwynne y la escena de Zelda la sostienen.
La película de 2019 es la más arriesgada y la que más se aparta del original. El cambio de Gage a Ellie le da una dimensión emocional distinta, y el final —con toda la familia convertida en no muertos caminando hacia el único sobreviviente— es una imagen que ni King ni Lambert se atrevieron a usar. John Lithgow es un Jud más sobrio que Gwynne, menos pintoresco pero igual de efectivo. La película recaudó 113 millones de dólares en todo el mundo con un presupuesto de 21 millones, superando ampliamente a la original. Metacritic le da un 57 sobre 100, considerablemente mejor que el 38 de 1989.
Las tres versiones cuentan la misma historia de fondo: un hombre que no acepta que su hijo —o su hija— haya muerto, y que descubre que hay cosas peores que la muerte. King lo dijo cuando explicó por qué la novela lo asustaba más que ninguna otra: la escribió como padre de hijos chicos, y lo que lo aterraba no era el cementerio mi'kmaq ni lo que salía de la tierra, sino la certeza de que si él hubiera estado en el lugar de Louis, habría hecho exactamente lo mismo. Esa certeza es lo que las tres versiones comparten, y es lo que hace que la historia funcione sin importar quién la cuente.
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