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Sujeto: Trisha McFarland
Clasificación: Protagonista
Apariciones: 1 obra

Trisha McFarland tiene nueve años y se pierde en el bosque por querer no escuchar. Sus padres se separaron hace poco y, durante una caminata familiar, se va quedando atrás para no oír la discusión que su familia viene arrastrando desde el divorcio. Se sale del sendero un momento para hacer pis, intenta alcanzarlos por un atajo y se resbala por un terraplén. Cuando se levanta, el sendero ya no está en ninguna parte.
Lo que sigue son días caminando cada vez más adentro del bosque. Trisha lleva un walkman y es fanática del beisbolista Tom Gordon, así que sintoniza los partidos para no quedarse a solas con su propia cabeza. Gordon se le vuelve una presencia constante, casi un interlocutor: la imagen del jugador que sale al montículo a resolver un partido que ya está perdido es, se puede leer así, exactamente lo que ella necesita para levantarse cada mañana y seguir.
También hay algo que la sigue. Trisha lo llama el Dios de los Perdidos, una entidad con cara de avispa que puede ser real o puede ser la forma que toma el miedo después de demasiados días sin comer —King no lo aclara, y ahí está la gracia—. El final es una de las escenas más raras y más hermosas de toda su obra: acorralada por un oso, Trisha le arroja el walkman como quien lanza una pelota, con la postura de Tom Gordon. Un cazador la encuentra poco después. Despierta en un hospital, con su familia al lado.